El Che Guevara, la dignidad de América

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José Ramón Llanos

Hay hombres excepcionales, aquellos que siempre ciñen sus acciones a sus principios y valores, como suele decirse sus actos tienen coherencia con sus palabras. Son pocos, uno de ellos es el argentino universal: Ernesto Che Guevara. Algunos de sus biógrafos lo caracterizan como un revolucionario marxista, guerrillero, sin embargo, considero que siendo esa caracterización cierta no es suficiente, no identifica a plenitud el valioso y profundamente humano individuo que recorrió todo el continente latinoamericano para identificar la situación de los pueblos y sus problemas.

El Che Guevara, aparte de estudiar el marxismo, analizó el pensamiento y las acciones de hombres como Bolívar, Sandino, José Martí, sus idearios, sus valores y principios los integró a su quehacer, a su ideología, a su proyecto de vida. El guerrillero de América cinceló su carácter con los valores humanistas, por lo cual devino un revolucionario de gran sensibilidad, solidaridad y honestidad excepcionales. En sus actividades, en la forma como ejerció sus cargos de dirección en el Gobierno de Cuba, como orientó a los hombres que tuvo bajo su autoridad; su forma de asumir y responder al trabajo voluntario, hicieron que sus camaradas lo vieran como un ejemplo de lo que pudiera el ser y actuar del hombre nuevo, sobre el cual reflexionó, habló, escribió y planteó como ser que debía tratar de formar la revolución cubana.

Sus actuaciones en la guerrilla, su valentía en el combate, su compañerismo, los sacrificios personales en las acciones de solidaridad, el comportamiento con los soldados enemigos derrotados en los combates, su ejemplar honestidad, lo convirtieron en el prototipo de héroe que en los años noventa del siglo XIX, había definido José Martí: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México.” Y Ernesto Guevara de América.

Las demostraciones de su gran decoro y valentía abundan a lo largo de su periplo vital, desde su tempana edad hasta el momento de su muerte. Recordemos que cuando entra Terán, el asesino del Che, al cuarto de la escuelita donde está prisionero, le dice: “Tranquilo. Apunta bien que vas a matar un hombre”.

Una lección de dignidad

A raíz del gran  entusiasmo que despertaron en los pueblos latinoamericanos las radicales reformas agraria y urbana; la socialización de la educación y la nacionalización de la empresas distribuidoras de petróleo, ejecutadas por Cuba, los Estados Unidos, temerosos de que en verdad las montañas de Los Andes, se convirtieran en la Sierra Maestra de América Latina, como expresara el Che Guevara, en un discurso, les ofreció a los gobiernos del continente las dádivas de la llamada Alianza para el Progreso.

En el balneario uruguayo de Punta del Este, cuando en los años sesenta se convidaron en una especie de Coro de mendicantes, los cancilleres de América Latina, con sus manos pedigüeñas, temblorosas, estiradas y sus voces suplicantes, rogando la limosna que los Estados Unidos les habían ofrecido con el cuento de la Alianza para el Progreso. Ante tanta humillación y obsecuencia, los pueblos del continente sintíeron lástima de sus diplomáticos y furia ante esas actitudes humillantes de los diplomendigos.

Una nueva etapa

Ese ambiente deplorable, cambió súbitamente cuando el presidente de la reunión le concedió la palabra al Che Guevara, quien con paso firme, mirada desafiante y voz recia dijo: “Estamos de acuerdo en una sola cosa con el informe del punto V de los señores técnicos, en una sola frase, que define la situación actual: “una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América, dice, y es cierto. Sólo que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba; territorio libre de América, y esta conferencia y el trato especial que han tenido las delegaciones y los créditos que se aprueben tienen todos el nombre de Cuba, porque ha habido un cambio cualitativo en América, como es el que un país se puede alzar en armas, destruir a un ejército opresor, formar un nuevo ejército popular, plantarse frente al monstruo invencible, esperar el ataque del monstruo y derrotarlo también”.

Los cancilleres humillados y ofendidos se entusiasmaron tanto al culminar el Che, que estalló una verdadera salva de aplausos, ante la mirada crítica y amenazadora de mister Douglas Dillón, el representante de los Estados Unidos.

Los dos discursos del Che Guevara en Punta del Este, por su contenido constituyeron una lección de dignidad latinoamericana. Además, por el análisis que hizo de las sumas ofrecidas y las actividades que iban a financiar, demostró que resultaban insuficientes y no contribuían al desarrollo de nuestras economías y mucho menos eliminar el intercambio desigual del comercio con los Estados Unidos. Al concluir la segunda intervención del Che vaticinó el fracaso de la Alianza para el Progreso y la historia le dio la razón.

Ética y humanismo

Tanto en sus discursos, en sus escritos y aun en su relación con sus hijos, El Che expresó siempre la necesidad de que toda acción del hombre debe estar orientada por la solidaridad. En su carta de despedida dirigida a sus hijos les aconseja: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”. Todas las actuaciones del Che ceñidas a principios éticos son una asimilación de las enseñanzas del marxismo y de José Martí quien también consideraba que debíamos sentir en nuestra mejilla la bofetada propinada en la cara de cualquier hombre.

El ideario, los principios y valores humanistas del Che constituyen un paradigma que tiene plena vigencia en esta hora de insolidaridad y egoísmo, propiciada por la mercantilización de las relaciones humanas propias del capitalismo. La vida del Che Guevara y sus acciones, son la guía para el verdadero revolucionario, por eso la burguesía trata de banalizarlo.

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