Cartas

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El voto en blanco

Los colombianos anhelamos superar la subcultura del enfrentamiento descalificador entre la derecha y la izquierda, e incluso al interior de las mismas colectividades políticas. Que unos y otros no se vean como enemigos sino como adversarios en democracia, y el debate serio y constructivo sea la forma de hacer política, no la pendencia. Queremos un Jefe de Estado que sepa escuchar y trabajar en equipo, que tenga espíritu de concertación y gobierne con la Constitución de 1991 sin sobresaltos. Eso esperamos del futuro presidente. Así las cosas, el voto en blanco ¿para qué? Reflexionemos. El país lleva décadas gobernado por las mismas élites políticas, más allá de sus diferencias visibles. Cierto, hemos avanzado en algunos frentes pero estamos rezagados en muchos otros y nos rajamos en múltiples campos: los índices de pobreza extrema, desigualdad, desempleo, informalidad, exclusión, violencia, corrupción, ineficiencia pública, entre otros, están entre los más altos de la región e incluso del mundo en algunos. Démonos una oportunidad de cambio, necesitamos un gobierno de inclusión y progreso en beneficio de todos. Con nuestro voto por Petro todos somos Colombia. Mauricio Trujillo Uribe (Enviada antes de elecciones) Vía Internet.

Hay hijos de hijos

Algunos hijos de Colombia, no parecen haber tenido padres tan valientes, cuyas vidas dejaron muchas enseñanzas y un recuerdo muy grande por ellos, en colombianos(a) del común. Es el caso del escritor Héctor Abad Faciolince, quien en su artículo: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”, publicado en El Espectador el 20/05/2018, presenta sus hipótesis sobre el “chavismo de Petro”, en su conjunto de frases llenas de adjetivos y paréntesis escritos con bilis, dirigidas contra todo lo que sea pueblo, según él: resentidos. En todo eso, está el punto (c)”ocultar los crímenes de la oligarquía, o sea sepultar bajo las aguas y el limo las fosas comunes de las masacres cometidas allí”. -se refiere a Hidroituango-. Queda de manifiesto su abismal insolidaridad, tan opuesta al enorme humanismo que desbordaba el corazón del doctor Héctor Abad Gómez, su padre, quien, como defensor de derechos humanos, era pueblo amando a su pueblo. Mercedes de Álvarez.

Un apocalipsis contra las crisis

El sentir de la vida pareciera incierto ante la andanada de descomposición social, ética y moral. La razón no puede dejarse dominar por el pesimismo o la desesperanza. Eso es claudicar y el hombre no está para estas cosas, jamás está para la derrota. Sería insensato no aceptar que a veces nos vemos reducidos a la impotencia, a la enfermedad de la nostalgia. La vida es lucha permanente que avanza descorriendo los velos de toda incertidumbre generando confianza y fortaleza. Entonces, las acciones convulsivas del hombre están   para combatir con actos y pensamientos liberadores, y es señal de transformación y enfrentamiento hacia lo correcto. Eso es sentir la vida. Cuando el hombre deja de inspirar deja de construir sobre la solidez de su espíritu anhelos para el bien común. Mario Serrato. 

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