“El canto de todos, que es mi propio canto…”: Violeta Parra

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Violeta Parra.

Esa flor rebelde, que nació con la Revolución de Octubre de 1917, cumple el primer centenario de su nacimiento. Sus canciones siguen siendo himnos de aliento y esperanza para nuevas generaciones

Ricardo Arenales

Calificada por el gran poeta chileno Nicanor Parra como “mujer árbol florido”, e inmortalizada por el director Andrés Wood en su película “Violeta se fue a los cielos”, Violeta Parra sigue siendo recordada entre las nuevas generaciones como una cantante excepcional, rebelde, con un gran compromiso social, y entre los más adultos además como una artista plástica de enorme versatilidad.

Es difícil encontrar a alguien que no identifique la autoría de aquella canción que dice: “gracias a la vida, que me ha dado tanto; me dio dos luceros, y el abecedario”. Y más adelante afirma que  dicha y quebranto son “los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes es el mismo canto, y el canto de todos, que es mi propio canto”.

“Gracias a la vida” es, ciertamente, la canción más conocida de Violeta Parra, que se inmortalizó después tras las interpretaciones que de su letra hizo la muy famosa Mercedes Sosa, ambas cantantes ejemplo de compromiso social, ambas testigos presenciales de una época de dictaduras en el cono sur del continente, de compromiso militante de cientos de artistas, de luchas sociales de los pueblos por la justicia, la paz y el progreso social.

Trágica muerte

Hay quienes aseguran que “Gracias a la vida” fue no solo una de sus últimas canciones, sino una especie de testamento premonitorio, de una despedida. Porque, al igual que la poetisa y compatriota, Gabriela Mistral, a pesar de que amó entrañablemente la vida y a su pueblo, una vez decidió truncar esa vida preciosa y prometedora. En el caso de Violeta, a los 49 años de edad, en Santiago, se despidió de sus hijos, tomó una pistola y se descerrajó un tiro en la cabeza.

Violeta del Carmen Parra Sandoval, su nombre de pila, había nacido en la austral población de San Fabián de Alico, el 4 de octubre de 1917, hace cien años. Nació con la gesta de Octubre de 1917 en la Rusia imperial, donde un hombre menudo pero brillante, el genial Lenin, protagonizó el “asalto al cielo”, la primera revolución obrera triunfante en la historia de la humanidad.

Fue considerada y valorada como una de las principales folcloristas de América Latina. En 1934 dejó sus estudios, para trabajar con  sus hermanos, en una agrupación conocida inicialmente como Los Parra, en bares del barrio Mapocho. Allí interpretaron boleros, rancheras, corridos mexicanos y otros géneros musicales.

Sentido de pertenencia

Después se fue vinculando gradualmente a lo que hoy se conoce como la canción social, la del compromiso con los campesinos mapuches, con las gentes del barrio, los estudiantes, los obreros industriales. Nos habla de un canto, a veces interpretado por ella, a veces por nosotros, con un fuerte sentido de pertenencia folclórica.

Violeta desarrolló varias expresiones artísticas: música, poesía, tapicería, pintura, escultura, alfarería, danza. Fue una artista integral. Ese espacio visual ha sido poco difundido por sus biógrafos y seguidores, que prefieren hablar de sus canciones. Poco se menciona que Violeta Parra participó en la Feria de las Artes Plásticas, en Santiago, en 1959. Que también participó en una exposición en el Museo de Louvre, en París, y que en 1959 fundó el Museo Nacional del Arte Folclórico chileno.

En el fragor de su trabajo, escribió el libro “Cantos folclóricos chilenos”, y realizó numerosas giras por países de América Latina, Europa y otros continentes. José María Arguedas, dijo alguna vez: “Ella es lo más chileno que yo tengo la posibilidad de sentir; sin embargo, es lo más universal que he conocido en Chile, porque en ella está contenida esta amalgama formidable, que es Chile”.

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