Campaña mediática delirante contra el proceso de paz en Colombia

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Asumir una postura activa y propositiva implica tener conocimiento y conciencia del poder mediático y luchar por el desarrollo del periodismo alternativo. Esa es la postura correcta que hay que asumir.

Nelson Lombana Silva

Exponiéndose incluso a la burla por parte del público medianamente analítico y culto, los grandes medios de comunicación en Colombia no paran sus ataques desalmados contra el proceso de paz entre las FARC-EP y el Gobierno nacional. Su campaña resulta enfermiza y delirante.

Con qué aspaviento RCN y Caracol Televisión vienen presentando un hecho tan elemental y natural como miembros de las FARC-EP bailando con la presencia de niños e, incluso, al parecer funcionarios de las Naciones Unidas en algunos centros de preconcentración. ¿Qué tiene esto de raro, de malo o de perversidad, como quieren insinuar estas yerbas de la desinformación en Colombia?

Para completar el sainete de bestialidad y estupidez, en la misma emisión dichos medios de comunicación difunden las fiestas de Manizales y de Pasto, con un enfoque distinto. Se intuye que estos son publirreportajes. Ahí los niños bailando, tomando licor y en medio de adultos. ¿Criticaron estos cuadros? Por supuesto que no. Por el contrario. No ahorraron palabras elogiosas. Es la dobla moral. Mejor dicho: Si las FARC-EP hubiera organizado estos holgorios la crítica hubiera sido demoledora. Es más: Si la burguesía fuera la organizadora del parrando en los campamentos, la crítica hubiera sido benigna, majestuosa, oceánica.

No hay que ser muy erudito para desenmascarar la finalidad de los medios masivos de comunicación. Dicho de otra manera: Debe ser el receptor demasiado alienado para creer semejante embuste. Realmente como periodista siente uno vergüenza ajena.

Y para tratar de adobar la noticia y darle más sensacionalismo toman como fuente a los enanos mentales del Centro Democrático. Semejantes “eminencias grises” de la talla de Paloma Valencia, José Obdulio Gaviria y otros miembros de la fauna salvaje de la extrema derecha. ¿Qué autoridad moral y política tiene el Centro Democrático para hablar de ética y moral? Alí Babá con la implementación de la ley 100 de 1993 ha matado más colombianos, especialmente niños y ancianos, que el mismo conflicto social y armado que vive el país. Ahora se pretende erigir en defensor de la moral pública y de los niños colombianos. “¿A quién engañas, abuelo?”, diríamos con la famosa canción del pentagrama colombiano.

Esa postura mediática parece una puerilidad. Sin embargo, no hay que entenderlo así. Es un ataque cruel y salvaje, por cierto, contra el proceso de paz. Eso hay que rechazarlo. Claro, el rechazo debe ser asumiendo una postura activa, propositiva y no simplemente pasiva. Asumir una postura activa y propositiva implica tener conocimiento y conciencia del poder mediático y luchar por el desarrollo del periodismo alternativo. Esa es la postura correcta que hay que asumir.

Tirar al cesto de la basura las páginas de El Tiempo –por ejemplo– y abrir las páginas del semanario VOZ, la verdad del pueblo. Apartarnos de RCN, Caracol y sintonizar Telesur. Crear medios radiales comunitarios y abandonar el consumismo masivo de las grandes cadenas radiales.

Mientras se tenga una visión gaseosa del papel mediático, no se dimensione su poder, será muy difícil asumir una postura consecuente sobre el particular y solo se asumirá una postura contemplativa, comportamiento que beneficiará a la clase dominante.

Tal comportamiento permitirá que se siga atacando la paz con justicia social y estimulando la violencia abiertamente a través de estos medios de comunicación. Hay que actuar. Como dijera el comandante Fidel Castro: “Basta ya de palabras, hechos”.