Caballería ligera: Preparación para la paz

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La impreparación de uno de los protagonistas del proceso de paz está demostrada, sólo que las acciones están indicando que quien resultó no apto para dinamizar el proceso es el presidente

Juan-Manuel-Santos

José Ramón Llanos

Uno de los problemas que más ha incidido en la dilatación del proceso de paz que se desarrolla en La Habana, está relacionado con la formación política de los negociadores y la naturaleza de las tácticas e instrumento que utilizan para tratar de conseguir los objetivos que se han planteado con los diálogos. Mientras las FARC-EP, actúan acordes con su condición de guerrilla en trance de negociar la dejación de armas para buscar el logro de sus objetivos transformadores del estado burgués para ponerlo al servicio de los intereses de las grandes mayorías de la población. Por tanto tienen que utilizar tácticas ajenas al chantaje y al engaño, como una expresión de sus valores éticos ante la población colombiana. Incluso cuando han cometido errores los han reconocido, como sucedió en Conejo. El mismo comandante Timochenko lo admitió en entrevista publicada en el diario El Tiempo el domingo 13 de marzo.

En cambio el presidente cuando hay dificultades en los diálogos hace uso de tretas efectistas para impresionar a la galería y atemorizar a los negociadores. Craso error, señor presidente Santos. Valoremos la última salida en falso.

Juan Manuel Santos el 19 de febrero al referirse al incidente de Conejo lanzó un ultimátum: “Ya se agotó el tiempo para terminar las negociaciones. La fecha del 23 de marzo, acordada entre el presidente de la República y el comandante de las FARC, está a menos de cinco semanas…Hay que tomar ya las decisiones sobre los puntos definitorios que faltan… Ya hemos discutido lo suficiente. El pueblo colombiano quiere y exige definiciones… De no ser así, los colombianos entenderemos que las FARC no estaban preparadas para la paz”.

La impreparación de uno de los protagonistas del proceso de paz está demostrada, sólo que las acciones están indicando que quien resultó no apto para dinamizar el proceso es el presidente quien, a pesar de los numerosos asesores nativos y extranjeros, todavía no ha entendido que los ardides y cañazos de los tahúres, son una indecencia cuando se trata de un presidente. Incluso son estériles cuando se trata de enfrentar a unos líderes que están preparados para asumir la significativa tarea de transformar una satrapía tropical en una democracia real, con plena soberanía y políticas beneficiarias de los excluidos. Además, esos guerrilleros son conscientes que la mayor o menor dificultad para la tarea transformadora, depende de los resultados de la negociación.

Por eso en ella se emplean a fondo como lo hicieron en los combates, lo cual los convirtió en inderrotables. Ahora deben obtener resultados que garanticen la no repetición del genocidio de la Unión Patriótica y les permitan la acción política legal transformadora.