Caballería ligera: Guerra no, explotación común

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José Ramón Llanos

Quienes han estudiado la historia del proceso de fijación de las fronteras de nuestro país, saben que esta clase gobernante no ha tenido el celo y la sapiencia y capacidad para defender eficazmente nuestro territorio. En la mayoría de tratados firmados por la burguesía colombiana, para resolver litigios fronterizos, hemos terminado perdiendo territorio. Una prueba de esta incapacidad es el Tratado Esguerra-Barcenas, cuyo texto al no fijar los límites entre Nicaragua y Colombia, sirvió de fundamento para el lesivo fallo de la Corte Internacional del presente año.

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La prepotencia y la autosuficiencia de los gobiernos de Pastrana y Álvaro Uribe, los llevó a transitar el camino jurídico equivocado, para afrontar las peticiones territoriales de Nicaragua. Además ni siquiera fueron capaces de localizar y aportar los documentos de la época colonial que respaldaban las pretensiones colombianas. En esas condiciones la decisión de la Corte Internacional de La Haya, según los internacionalistas que conocían el proceso, era previsible. Por tanto, el fallo se dio en el sentido en que se debía dar y una vez más perdimos territorio en un litigio fronterizo.

Ahora el gobierno Santos con fanfarronadas está agravando la situación. Le ha permitido el presidente de la República que sean los sectores militares y sus asesores con mentalidad belicista, quienes opinen y orienten la estrategia del país para tratar de neutralizar o disminuir los efectos lesivos del fallo de los jueces de La Haya.

Es evidente que la cúpula de las fuerzas armadas ante la posibilidad de que en La Habana finalmente se firme la paz, estén buscando, para mantener el alto presupuesto militar, una situación de guerra con Nicaragua. Este escenario bélico incluso podría exigir un incremento en el gasto militar, so pretexto de lograr superioridad tecnológica en el armamento frente al hermano país, convertido por las intrigas palaciegas, en enemigo.

En vez de estar creando guerras con las naciones hermanas con las cuales compartimos fronteras marítimas, disputando un mar común, debemos basar nuestra estrategia en los diálogos conducentes a soluciones benéficas para todos los países implicados.

Consideramos que frente al litigio con Nicaragua, igualmente con Venezuela por las aguas en el golfo homónimo, se podría debatir la idea de una explotación común del espacio marítimo, mediante la constitución de empresas multinacionales, de capital aportado por los gobiernos concernidos y los beneficios distribuidos en proporción directa a la magnitud de los capitales proporcionados por las diferentes naciones. La historia y los espacios compartidos, exigen una explotación común en vez de escenarios de guerra y bravuconadas militaristas. Señores de las dinastías gobernantes, basta ya de errores, es la hora de la paz también en las fronteras.