En busca de la autonomía política de clase

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Huelga de las costureras en Bello, Antioquia, en la década de los años veinte.

La historia del Partido Comunista no se puede reconstruir al margen de las modernas luchas sociales que se configuraron en las décadas de 1910 y 1920. Es durante estos años que se encuentran los primeros precedentes de organizaciones populares y obreras: ligas campesinas, sindicatos, y partidos alternos al liberal-conservador

Departamento Ideológico PCC

El siglo XX fue periodo de transformaciones sociales profundas, de continua conflictividad social, donde obreros, campesinos, estudiantes, mujeres, indígenas, han luchado para transformar sus condiciones de existencia. Con esto no queremos decir que el siglo XIX hubiera pasado sin ningún sobresalto, pues no podemos obviar hechos como el protagonismo popular en la lucha de independencia o la continua movilización artesanal; sin embargo, el proceso de modernización que se inició en los albores del pasado siglo le dieron una nueva impronta a la acción social.

La lucha por la tierra de indígenas y campesinos, desposeídos por grandes terratenientes, tomó un carácter colectivo. Los artesanos, secularmente empobrecidos, y ahora supeditados por el capital, comenzaron a romper con los tradicionales lazos bipartidistas para crear sus propias agrupaciones partidarias, puesto que consideraban que liberalismo y conservatismo no eran suficientes para satisfacer sus luchas reivindicativas. En estas organizaciones confluiría un naciente sector social de trabajadores explotados: los asalariados.

Las primeras organizaciones obreras

Al principio, las nuevas agrupaciones que decían representar los intereses obreros eran una amalgama de clubes de discusión, organizaciones partidarias y reivindicativas, donde aún pervivían formas de organización artesanal, basadas en el mutualismo y el cooperativismo. Además, en estas organizaciones no siempre se distinguían los intereses del trabajador de los intereses de los empresarios. Así surgieron en Bogotá grupos como la Unión Nacional de Industriales y Obreros y la Unión Obrera de Colombia.

Estas agrupaciones consideraron que los partidos liberal y conservador no representaban los intereses de los obreros, por lo que políticamente buscaron una alternativa al bipartidismo. Aunque eso no significó necesariamente la adopción de un programa inspirado en ideas radicales, y algunas organizaciones obreras estuvieron cercanas al republicanismo, movimiento de coalición de liberales y conservadores que no logró superar su condición de alianza coyuntural, o enarbolaron la idea de un “socialismo de Estado” planteada por el liberal Rafael Uribe Uribe.

Los pasos hacia el socialismo

En 1916 surgió en Bogotá el Partido Obrero, organización que daría pasos decisivos para la conformación de una organización obrera moderna. Aunque todavía perseguía objetivos artesanales, como el proteccionismo, la organización era incisiva en la necesidad de usar la huelga para mejorar los salarios de los obreros. Además, en el seno de esta organización comenzó a reivindicarse el socialismo, aunque la definición de este resultaba algo ambigua.

Para finales de los años 10 las ideas socialistas comenzaban a ganar más espacio en el país, sobre todo después de 1917. En Colombia la Revolución Rusa resultó ser un hecho determinante, pues con ella las tradiciones socialistas comenzaron a difundirse más rápidamente entre las organizaciones y los intelectuales.

Muestra de lo anterior fue la fundación del Partido Socialista en 1919. Para ese momento la idea de una organización obrera autónoma estaba ya consolidada, la cuestión eran los lineamientos de esta. Aquel año, un par de organizaciones bogotanas impulsaron la creación de un partido declarado abiertamente socialista.

La búsqueda de un movimiento revolucionario

El Partido Socialista, que logró adhesiones en los departamentos del centro del país, la Costa Caribe y Antioquia, mostró sus limitaciones. La organización se declaró contraria a cualquier transformación revolucionaria de la sociedad, y por tanto se alejó formalmente del bolchevismo y el anarquismo. Su posición era mantenerse al margen del bipartidismo tradicional para lograr sostener la autonomía de la clase obrera; pero la voluntad de independencia se quebró en 1922, cuando los socialistas decidieron apoyar la campaña presidencial del liberal Benjamín Herrera. El apoyo socialista al liberalismo llevó al Partido a una crisis que no pudo superar.

Las acciones huelguísticas crecían por todo el país, ahora apoyadas por personajes como Raúl Eduardo Mahecha, Tomás Uribe Márquez, María Cano o Ignacio Torres Giraldo, afines a postulados marxistas por cuenta de la popularidad que gozaba la experiencia soviética en el país.

En 1924 se convocó a una conferencia socialista para reconstruir al golpeado partido.  Luis Tejada y Luis Vidales, tomaron el control del encuentro, y lograron aprobar la creación de un grupo comunista, afiliado a la Internacional, para superar así el reformismo del caduco Partido Socialista. Sin embargo, la iniciativa no prosperó, y los grupos anarquistas tomaron la iniciativa de organización del movimiento obrero, imponiendo la concepción anarcosindicalista, por lo que el trabajo de organización de sindicatos y la acción directa imperaron entre los trabajadores colombianos al menos hasta 1926.

Los conflictos sociales

La acción huelguística por aquel entonces no era fácil. No existía virtualmente legislación que regulara la actividad sindical, y los gobiernos conservadores consideraban las acciones reivindicativas como subversión, por lo que la represión policial y militar era la principal respuesta estatal a las exigencias de los trabajadores.

Los trabajadores, a su vez, trabajaban en jornadas de más diez horas, no existía el salario mínimo ni las protecciones sociales en el trabajo, y además estaban expuestos a todo tipo de arbitrariedades de los patronos. Las mujeres, fuerza de trabajo predilecta de los industriales antioqueños, y los obreros de los enclaves imperialistas en el banano y el petróleo, estaban especialmente expuestos a los atropellos patronales.

Por ejemplo, en la fábrica de textiles de Bello a las mujeres no se les permitía entrar calzadas porque desgastaban el piso. Y en los campos bananeros y petroleros, controlados por capitales norteamericanos, el gobierno colombiano les había permitido a estas empresas prácticamente suplantar funciones del Estado para facilitar la explotación de los recursos nacionales, de tal forma que incluso la represión a los trabajadores sindicalizados era realizada por fuerzas de seguridad de las empresas.

Indígenas y colonos

En el campo la agitación también crecía. Los indígenas del suroriente tomaron la iniciativa en la década de 1910; liderados por el autoproclamado conservador y católico Quintín Lame, exigían la restitución de las tierras de resguardo, perdidas frente a los terratenientes paulatinamente desde el siglo XIX. Posteriormente se integrarían a los grupos socialistas, y el liderazgo pasaría a José Gonzalo Sánchez, quien, aunque era colaborador de Lame, no estaba bajo la órbita del ideario conservador.

Ya en la década de 1920, los colonos, que desde el decenio de 1870 venían luchando de forma atomizada y a través de los canales legales del Estado su derecho a la tierra, comenzaron a crear agrupaciones para pelear a través de la acción directa y de manera colectiva la tierra que les estaba siendo arrebatada por los latifundistas.

Finalmente, los trabajadores de grandes haciendas cafeteras, que estaban experimentando un periodo de bonanza por cuenta de los altos precios del grano, comenzaron a organizar sindicatos para luchar contra las prácticas laborales precapitalistas que imperaban en las haciendas.

En este escenario se configuró el Partido Socialista Revolucionario, primer proyecto político integrado al movimiento comunista internacional, y de donde surgieron líderes que fundarían el Partido Comunista de Colombia.

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