Bogotá “Basura Cero”, un programa para fortalecer y profundizar

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Organización de recicladores de oficio.

El proyecto no solo depende de la Administración de la ciudad, sino de la conciencia de los ciudadanos

Juan Carlos Hurtado Fonseca

Actualmente en Bogotá se comercializan alrededor de 1.200 toneladas diarias de material reciclable que se remuneran en promedio a 90 mil pesos cada una. La cifra toma mayor importancia al conocerse que antes del programa “Basura Cero”, por día se enterraban en el relleno sanitario Doña Juana 3.600 toneladas de residuos, lo equivalente a un edifico de 17 pisos.

El proyecto es producto de la iniciativa del alcalde Gustavo Petro, quien lo incluyó en su plan de gobierno, y de una sentencia de la Corte Constitucional que en 2003 había ordenado incorporar en la licitación de aseo a la población recicladora de oficio como operadora de este servicio público, en el componente de aprovechamiento.

Por eso, la integralidad de algunos de los propósitos: la inclusión de la población recicladora en condiciones de formalidad para la superación de sus condiciones de vulnerabilidad; también para que pequeñas organizaciones de recicladores puedan constituirse en empresas prestadoras de servicios públicos; y el proceso de formación y sensibilización de la ciudadanía para separar en la fuente, entre otros.

El éxito del programa también depende del nivel de compromiso ciudadano para separar los residuos. Asimismo, la seguridad de la población recicladora de oficio, quienes en muchas oportunidades han resultado afectados con material insalubre que les ha generado afectaciones a la salud. Algunos, al meter las manos en las bolsas para escoger el material, han salido heridos con graves consecuencias como pérdida de la visión, problemas en la piel y hasta enfermedades respiratorias.

Avances

Sobre los resultados del programa “Basura Cero” que se ejecuta desde 2012, VOZ habló con Ruth Quevedo, subdirectora de Aprovechamiento de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), quien anotó: “Aunque se ha criticado mucho, hay que entender que estos procesos son a largo plazo. No es que haya resultados de un día para otro. Los países que han alcanzado resultados cercanos al 80% o 90% como Suecia y Japón han necesitado hasta cuatro décadas para lograrlos”.

Sobre el futuro del plan explicó: “Lo que hicimos fue la separación de residuos en bolsa blanca y negra, pero también la fracción orgánica que hace parte de los residuos y que pesa cerca del 60% es un reto muy importante, y el siguiente paso a dar”.

La implementación de infraestructura ha sido fundamental para el desarrollo del programa, por lo que existe una planificación para seis plantas de aprovechamiento de las que se espera entregar tres en la actual administración. Además, están definidos centros para el pesaje y clasificación de material de los cuales se tiene pensado otorgar 20 en los próximos meses, para que también los recicladores puedan comercializar ellos mismos su material y obtener mejores recursos económicos.

Actualmente, la población recicladora de oficio vende el material a bodegas privadas, quienes hacen la comercialización. Pero algunas organizaciones de recicladores han logrado construir sus propias bodegas o centros de acopio evitando así intermediarios. Por eso se busca que a partir de infraestructura pública puedan desarrollar la comercialización y que el producto llegue directamente a parques tecnológicos de aprovechamiento para transformar y vender directamente a la industria.

Los resultados del proyecto son evidentes porque antes el modelo de aseo se fundamentaba en la recolección y enterramiento en el relleno de Doña Juana, donde hay un contrato de concesión en el que le exigen al operador el aprovechamiento hasta del 20% de los residuos. Este solo aprovecha el 1,8% de lo que allí llega.

“También está el tema de la optimización de rutas. Había 214 barrios que se cubrían con 73 rutas de los operadores privados que fueron entregadas a los operadores de oficio y actualmente hay 1.840 que hacen un cubrimiento del 55,5% del total del área urbana. Estas rutas son intermitentes por lo cual deben ser optimizadas para que vayan casa a casa”, comenta Ruth Quevedo.

Igualmente, en solo tres años que lleva el programa se logró que la tendencia de residuos del relleno Doña Juana se estancara. Se obtuvo una remuneración para cerca de diez mil personas pertenecientes a la población recicladora, a quienes se les paga más de 500 mil pesos cada dos meses. Anteriormente se les pagaba a los operadores de aseo por recolectar, transportar y enterrar; pero no se les pagaba a los recicladores por recolectar, transportar y aprovechar. Desde la Administración de la ciudad hay un trato mejor para la población recicladora de oficio a quienes se les reconoce como ciudadanos.

Dificultades

Toda política tiene sus detractores y el programa “Basura Cero” no es la excepción. Algunos hacen críticas válidas para mejorarlo, para otros el proyecto no sirve y otros utilizan las críticas en su enconada pelea contra el actual burgomaestre.

Según la subdirectora de Aprovechamiento de la Uaesp, una de las principales dificultades es de carácter cultural que ha sido enfrentada con campañas educativas y de sensibilización con campañas interinstitucionales de las secretarías de Salud, Educación y Cultura.

Algunos ciudadanos se quejan de falta de coordinación con los grandes supermercados y el comercio en general porque no proveen las bolsas blancas y negras para hacer la separación. Ante esto Ruth Quevedo expresa: “Hay dos mensajes, cuando vaya al supermercado trate de no usar bolsas plásticas, debe llevar una bolsa de tela o un canasto; de no ser así deben usar las bolsas que entregan en los supermercados de tal manera que el reciclador sepa en cuál está el material que él debe llevar”.

Aun así, en diciembre pasado se logró un acuerdo con la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), para que entre otras cosas le entregue a las asociaciones de recicladores el material aprovechable. También hay otros compromisos con los comerciantes de Plaza España y algunas discusiones sobre producción sostenible, es decir, que se evalúen los esquemas de fabricación para ver temas como el uso de bolsas plásticas.

Entre las principales realizaciones del programa en el actual periodo administrativo está la entrega a la ciudad de un modelo de aprovechamiento organizado, concertado con la población recicladora de oficio; un plan de gestión integral de residuos sólidos actualizado con una vigencia de 12 años; tres parques de reciclaje que se espera alcancen a estar en funcionamiento en los próximos meses; 20 bodegas públicas de pesaje; una política de sensibilización de residuos para separación en la fuente; una población recicladora dotada con un kit de protección personal y una flota de vehículos en operación.

El programa “Basura Cero” es una política para mantener y profundizar. Su éxito no solo depende de la Administración de la ciudad sino del compromiso de los ciudadanos con el planeta, para disminuir los impactos ambientales producto de la inadecuada gestión de los residuos.