El Bicentenario y las versiones de la historia

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Monumento a la batalla del Puente de Boyacá.

Nos encontramos cerca de la conmemoración del bicentenario de la campaña de independencia, en medio de una confrontación de versiones sobre la historia, no sólo de la campaña independentista, sino también de la historia reciente

José Rivera

Al tiempo que algunos personeros del régimen buscan imponer una versión que corresponda con las necesidades de un sector, el cual nunca ha considerado al pueblo como constructor de los procesos históricos, hoy se evidencia la movilización de un importante sector social que se interesa por la reconstrucción de la memoria, no como un ejercicio contemplativo, sino como un proceso de conocimiento real del pasado. Esto bajo el entendido de que la historia no es una colcha de retazos construida con eventos inconexos, sino el resultado de la evolución de la sociedad en un entorno material concreto, con hechos relevantes en el tiempo y el espacio, cuyo estudio debe ser asumido con criterio científico.

Han sido numerosos los intentos por distorsionar la historia en varios momentos y con diversas versiones, baste recordar, por un lado, la apuesta hecha hace cerca de cien años por los señores Henao y Arrubla y la del hermano Justo Ramón, en las cuales la historia de nuestra patria es una colección de anécdotas de héroes. Héroes ejemplo de estética y urbanidad; y, por otro lado, la actualmente hecha por cuenta del presidente Duque, en la que reconoce una supuesta ayuda de los padres fundadores de los Estados Unidos, versión distante de la realidad histórica, pues está comprobado el hecho de que ese país apoyó con armas al Ejército español, llegando a incautársele barcos con cargamentos en aguas del rio Orinoco. Este asunto produjo un incidente diplomático, que años más tarde se vería complicado aún más con la vinculación del embajador de Estados Unidos al atentado de la noche septembrina contra el Libertador.

Por cierto, ya antes había sucedido el rechazo del gobierno norteamericano a la petición de ayuda para la independencia de las colonias hispanoamericanas, hecha por Francisco Miranda, oficial del Ejército que luchó contra los ingleses por la independencia de ese país. Adicional a ello, no sobra recalcar un hecho que esta versión de la historia no logra ocultar, pero que minimiza al punto de hacerlo pasar desapercibido: la acción del gobierno norteamericano contra el esfuerzo de “unidad” latinoamericana que significó el Congreso Anfictiónico.

A favor de la clase dominante

Como vemos, son evidentes los esfuerzos que hace este sector por ocultar la verdadera historia y construir medias verdades acomodadas a los intereses de la clase dominante y de la potencia imperialista; para ello, han contado con los recursos que les da el poder sobre el aparato educativo gubernamental y todo el tren de propaganda estatal y privada; un ejemplo es el de la editorial Voluntad, entre otras editoriales, que se encargó de llenar las aulas de Colombia con los textos arriba señalados, pero su aspiración fue más allá, y mediante reformas educativas, hicieron desaparecer del pensum oficial la materia de Historia; de modo que, ya ni siquiera las deficientes lecciones de Henao y Arrubla llegan a los escolares colombianos.

El conocimiento de esta materia hoy queda limitado a las elites que logran ingresar a la educación superior, y el acceso a las habilidades científicas de las que habla el periódico del Ministerio de Educación Nacional, se convierte en una ilusión inalcanzable.

Las limitaciones de la memoria histórica

En la naturaleza, la evolución del conocimiento es una indetenible acumulación de cambios cuantitativos y la transformación de estos lleva a cambios cualitativos. Sin embargo, las limitaciones impuestas por este sector al conocimiento y mantenimiento de la memoria histórica no alcanzan a plenitud su objetivo, pues los sucesos olvidados de la historia viven en la memoria del pueblo y son recogidos por investigadores que van a las fuentes, quienes, a su vez, los elaboran y, de esta manera, perduran y nutren el conocimiento científico de nuestro pueblo; no obstante, aún persisten muchas limitaciones para que el conocimiento científico de la historia logre difundirse masivamente y se transforme en fuerza que ayude a proyectar el futuro de nuestra sociedad.

Por lo tanto, uno de los más importantes retos de la presente conmemoración bicentenaria es el de recoger la memoria histórica y lograr que los desarrollos científicos alcanzados rompan las paredes de los museos y los archivos, y hagan crecer el torrente del saber popular. Tal reto es inmenso para la academia, particularmente, en un momento en el cual las fuerzas que gobiernan lanzan una ofensiva para negar el pasado de nuestra sociedad e impedir que el tratamiento científico de nuestra memoria se concrete en una realidad que permita a nuestro pueblo desbrozar el camino a una sociedad en paz y con justicia social.

Así las cosas, no es menor el reto que recae en los sectores populares: tratar de romper con la cultura de la telenovela que logra construir una ficción de identidad entre personaje y espectador, en donde la ficción hace ver como heroico al narco, sapo o agente de la represión, además de banalizar el papel de la mujer en la sociedad, imponiendo valores de sumisión ante las arbitrariedades de la clase dominante.

Lograr interesar al amplio público sobre el conocimiento de la historia, exige de una labor intensa no sólo de los interesados en la investigación científica de la materia, sino que exige también, entre otras cosas, vincular a este ejercicio a los trabajadores de la cultura, artistas, difusores culturales, comunicadores y docentes. La conciencia de nuestro pasado, nos da herramientas para encarar el presente desde estas áreas tan diversas y cotidianas, que a veces las dejamos pasar desapercibidas.

El papel de las mujeres

Nuestra historia de héroes está determinada por el desconocimiento del protagonismo que tuvieron y tienen las masas; nuestras generaciones han crecido aceptando una historia donde las heroínas no son el resultado de la participación del género femenino en la lucha, sino que constituyen casos excepcionales como personajes secundarios. Mucha gente va a Monserrate en Bogotá, sin saber que pasa al lado de una estatua de Policarpa Salabarrieta, ubicada allí donde se erigió el cadalso donde fue asesinada por los representantes del Rey de España; muchos pasan por el Park Way, al lado del monumento al Almirante Padilla, sin enterarse que el primer navegante militar de Colombia era negro, o que los indígenas formaron una fuerza fundamental del Ejército patriota, desconociendo, así, su papel en nuestra historia.

Reiteramos la invitación a todos a profundizar en la investigación y difusión de nuestra historia, desde la escuela, la academia universitaria, la poesía, la música, el escenario callejero o de salón; así como a unir esfuerzos para recuperar el carácter científico de la historia y alcanzar su difusión en todos los espacios de nuestra sociedad.

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