¿Barco dio la orden?

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Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, más de 3.000 militantes y simpatizantes de la Unión Patriótica han sido asesinados en las últimas cuatro décadas. Foto Lara

La reciente columna del periodista Alberto Donadío donde se concluye que el presidente Virgilio Barco (1986-1990) tuvo un papel determinante en el genocidio contra la Unión Patriótica, ha producido una gran conmoción. El entonces jefe de Estado habría aceptado la recomendación del espía israelí Rafi Eitan de eliminar violentamente a la organización de izquierda

Simón Palacio
@Simonhablando

En la mañana del domingo 10 de enero, el portal web LosDanieles publicó la nota ‘Virgilio Barco y el exterminio de la UP’ firmada por el reconocido periodista Alberto Donadío. La columna de opinión es la tercera entrega de una investigación sobre la oculta asesoría que prestó el espía israelí Rafi Eitan, legendario agente de inteligencia de la Mossad, al gobierno del entonces presidente Virgilio Barco Vargas.

Donadío revela información confidencial sobre el caso, que comienza con una atípica contratación por parte del gobierno Barco para contar con los servicios del espía israelí con el propósito de “elaborar un diagnóstico de cómo acabar con la guerrilla”. Barco puso a disposición los dineros de la empresa estatal Ecopetrol para que Rafi Eitan pudiera aterrizar en el país y así cumplir con su trabajo.

VOZ informó

Si bien la hipótesis de Donadío es que ningún medio colombiano supo de la presencia del polémico agente de la Mossad en territorio colombiano, el 5 de febrero de 1987 en la edición 1422 del semanario VOZ se advirtió en el artículo ‘Colombia: laboratorio de espionaje y provocación’ que en el país se encontraba Rafael Eitan, “experto israelí en contrainsurgencia contratado por el gobierno colombiano”. En ese momento la redacción dirigida por el periodista Manuel Cepeda Vargas señaló escuetamente que el contrato estaba a cargo del ministro de Defensa Rafael Samudio Molina.

Sin embargo, el periódico comunista perdió el rastro y no volvió a hablar de la conexión Israel-Colombia en cuanto se refiere al conflicto armado, hasta las revelaciones en 1988 que harían la revista Semana y el diario El Espectador sobre la presencia de mercenarios israelíes en el Magdalena Medio con el propósito de entrenar a los ya existentes grupos paramilitares.

La siniestra reunión

Gracias a una fuente cuya identidad no se revela, Donadío pudo verificar la historia de una reunión a comienzos del año 1987 entre el presidente Barco, el secretario general de la Presidencia Germán Montoya y un alto mando militar, donde se habrían discutido las recomendaciones elaboradas por Eitan sobre la vía idónea para acabar con la guerrilla.

Según la fuente de Donadío, Barco informó a los asistentes que Eitan aconsejaba la eliminación de los militantes de la Unión Patriótica y que este se proponía ejecutarla a cambio de un segundo contrato. “Barco no cuestionó la recomendación ni formuló objeciones éticas, morales, legales o políticas”, escribe el periodista.

Lo cierto es que la sugerencia causó ira en el militar presente, no porque estuviera en desacuerdo, sino porque en concepto del uniformado quien debería ejecutar el plan debía ser la fuerza nacional y no una extranjera.

La hipocresía de Barco

El artículo de Donadío comete un error histórico con la emergencia del partido político Unión Patriótica. Para el connotado periodista, la UP fue firmante en 1984 de los Acuerdos de Cese al Fuego, Paz y Tregua en La Uribe, Meta, lo cual no es cierto. Quienes firmaron ese acuerdo fueron el gobierno de Belisario Betancur y la insurgencia de las FARC-EP, siendo la organización política legal un resultado de ese acuerdo.

Lo anterior es importante porque la UP se convirtió en un fenómeno social inocultable gracias a su éxito electoral en 1986 que la convirtió en la tercera fuerza política del país con cinco senadores, nueve representantes a la Cámara, 18 diputados y 320 mil votos por Jaime Pardo Leal para la presidencia de la República.

Es por eso por lo que en su posesión el 7 de agosto de 1986 ante el Congreso de la República, el presidente Virgilio Barco definió a la UP como elemento de civilización y expresión de nuevas fuerzas políticas y dijo entonces que las movilizaciones populares «son saludables para la paz y propician un espacio político para la acción popular electiva».

Lo contradictorio e hipócrita es que un año después, con la tregua a punto de estallar, Barco diría a la revista británica South que la UP era el “partido de las guerrillas” justificando implícitamente las acciones que el Ejército y los grupos paramilitares ya venían ejecutando en contra de militantes y dirigentes upecistas.

El plan estaba en marcha

Tres semanas después de la posesión presidencial de Barco fueron asesinados el representante a la Cámara Leonardo Posada Pedraza y el senador Pedro Nel Jiménez. De acuerdo con el editorial del semanario VOZ del 9 de abril de 1987, entre el 30 de agosto de 1986 y el 9 de marzo de 1987 fueron asesinados 49 dirigentes del Partido Comunista y la Unión Patriótica.

De ser cierta la información revelada por Donadío, queda claro no solo que el presidente Virgilio Barco habría dado la orden de seguir la recomendación del israelí, sino que el plan de exterminio contra la Unión Patriótica se fraguaba desde las altas esferas del Estado.

Quizás por eso la ira del alto mando militar ante la propuesta de Eitan de materializar el exterminio, pues sería una intromisión externa a un plan que ya se estaba ejecutando.

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