Argentina: Una verdad naufragada

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Alberto Acevedo

La semana pasada, las autoridades militares y navales de la Argentina, admitieron finalmente que los restos mortales de los 44 ocupantes del submarino ARA San Juan, probablemente no se puedan encontrar jamás. Casi tres semanas después de su desaparición, los mandos militares admiten que aún desconocen el paradero exacto de la nave y las circunstancias de su desaparición, aunque en forma tardía revelaron que tienen evidencia de que se produjo una explosión.

La noticia, desde luego, trajo desazón, rabia e indignación entre los familiares de los tripulantes de la nave. El malestar parte de que todo el tiempo se le estuvo ocultando información a la opinión pública. Muchas cosas no se supieron, o se revelaron a última hora, y otras, de las que nadie tenía información, y que atañen especialmente a la soberanía nacional, vinieron a saberse con el incidente.

Varios medios de comunicación argentinos se preguntaron en repetidas ocasiones, qué misión cumplía el ARA San Juan. Se sabe que, en su trabajo rutinario, este tipo de naves acostumbran ir escoltadas por corbetas livianas, en la superficie. En esta ocasión, prescindió de la escolta. La jueza federal de ciudad Caleta Olivia, Marta Yáñez, que investiga la desaparición de la nave, asegura que la misión asignada era “un secreto de Estado”, que podía tener “carácter confidencial”.

La Armada argentina, que venía guardando silencio sobre las circunstancias del incidente, se apresuró esta vez a desmentir a la funcionaria judicial. Por su parte Elsa Bruzzone, secretaria del Centro de Militares para la Democracia Argentina, Cenida, dijo: “Se estableció de modo taxativo que el país no tiene hipótesis de conflicto. A mí me parece raro esto para un país que tiene enormes recursos de agua, petróleo, de biodiversidad y que además tiene una parte de su territorio ocupado por una potencia extranjera, que es lo que pasa en Malvinas”.

Rescatar la verdad

El pedido de ayuda internacional que hizo el gobierno de Macri, para intentar una operación de rescate y salvamento, sorprendió a los argentinos con la noticia de que en aguas del Atlántico sur, a pocos minutos de sus costas, permanecen naves de guerra, de prácticamente todas las potencias nucleares de Occidente. De Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, confluyeron en la operación rescate. Esas naves, concluida la tarea, regresan a sus bases militares, de algunas de las cuales no se tenía conocimiento. Pero se llevan muchísima información sobre la magnitud de los recursos naturales de Argentina y del cono sur del continente.

En todo caso, el gobierno argentino estuvo todo el tiempo ocultando información, o tratando de desviar la atención de la opinión pública sobre la ruta y objetivos verdaderos del viaje del ARA San Juan. Inclusive se supo que el mando militar tuvo conocimiento de la explosión, por lo menos ocho días antes de divulgar la noticia. La misión  del submarino coincidió con unos ejercicios militares conjuntos entre tropas de Estados Unidos y Brasil, y de otros operativos conjuntos de cuatro países sobre la Amazonia, coordinados por el Comando Sur de los Estados Unidos.

De hecho las primeras naves de apoyo que acudieron al llamado de auxilio están adscritas a la Agencia Aeroespacial de Estados Unidos, NASA, que cuentan con una base militar en la localidad de Usuahia, en la Tierra del Fuego argentina. Las familias de la tripulación han sido claras en manifestar, que las razones del gobierno y los mandos castrenses, no son suficientes, “suenan a burla”, y reclaman que toda la verdad emerja del naufragio en que se encuentra.

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