Arar la esperanza: apuesta de la FARC

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La paz implica esfuerzos cotidianos, tanto grandes como pequeños, para que no se quede ningún detalle por fuera de la construcción de un nuevo país que transite hacia la solidaridad, la prosperidad y la felicidad de disfrutar plenamente el territorio en su diversidad

John Jairo Barbosa y Juan David Vargas

A casi dos años del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado colombiano, en el Nuevo Punto de Reincorporación (NPR) Libertad Simón Trinidad, en Mesetas (Meta), es posible observar el avance de la reincorporación productiva y comunitaria que adelantan excombatientes y campesinos de la serranía de La Macarena.

La cría de cerdos, la gastronomía, el cultivo de maracuyá, la vermicultura y el turismo ecológico hacen parte de la carta de presentación con la que se propone ser una comunidad que integre económica y culturalmente a las veredas y caseríos alrededor. La apuesta de este proceso es reafirmar y desarrollar la vida en el campo, buscando alternativas que permitan el buen vivir para la gente en esta zona.

Este espacio de reincorporación estuvo destinado en su inicio a los excombatientes en proceso de amnistía e indulto, y está ubicado en el mismo municipio que el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Mariana Páez, donde se llevó a cabo el acto de dejación total de armas el año pasado.

Nace la cooperativa

Los anhelos de paz son la inspiración para los habitantes de este lugar, quienes ahora, con sus familias, se han dado a la tarea de juntar las manos para construir comunidad y dar cuerpo a los proyectos productivos propuestos como cooperativa.

Ejemplo de ello son Yadira y Miguel. La primera, una mujer ama de casa cuyo esposo es excombatiente y exprisionero político, decidió dejar su trabajo de costura en Bogotá y vivir en el Simón Trinidad junto a su compañero y su hijo menor. Ella dice sentirse feliz en ese lugar, dado que ya no padece la explotación laboral ni la exclusión que vivía en la ciudad de Bogotá, por el contrario en el NPR resalta que “hombres y mujeres realizan las mismas tareas” y que tanto excombatientes como civiles son parte del mismo partido y proyecto de país. Allí se construye desde la solidaridad y, a pesar de los incumplimientos, están entregando todos sus esfuerzos a la cooperativa.

Por su parte, Miguel es el bibliotecario del Simón Trinidad. La comunidad le puso al lugar “Biblioteca Hijos de Marquetalia”. Él también proviene de Bogotá y fue militante de la Unión Patriótica en la localidad de Teusaquillo. Dejó su trabajo como profesor universitario y construye paz desde la educación tanto en este espacio como en el Mariana Páez, vive de un lado para otro cumpliendo con diferentes tareas, porque además ayuda en la formulación de proyectos productivos, como lo es la panadería Amasando Sueños. A él también se le ve en la cocina y en diferentes tareas. Siempre hay algo para hacer. Él dice que es feliz de trabajar en espacios que sirven para cambiar el país, donde se busca generar relaciones de tipo socialista.

De esta manera se constituyen lo que llaman “laboratorios de la Nueva Colombia”, donde se vive en medio de otro tipo de relaciones sociales, políticas, económicas y culturales, como se buscó en los inicios de su historia con las comunidades asentadas en Marquetalia, El Pato, Guayabero, etc. La vida comunitaria en el campo es su apuesta. Sin estar ya en la guerra, la FARC reafirma sus orígenes fortaleciendo este tipo de comunidades.

Esta experiencia colectiva ha requerido de bastante esfuerzo. Todos los días la jornada de trabajo inicia a las tres de la madrugada, cuando aún ni los gallos han empezado a cantar. Se preparan los cerdos para ser sacrificados y se alistan los cortes de carne que se pondrán a la venta. Algunos alistan las herramientas para podar la maleza y en la cocina se ajusta lo necesario para preparar el desayuno.

A propósito de la paz

Durante todo el día se trabaja y se corre con las labores que implica la vida en el campo. Todos y todas se reparten las tareas necesarias para el sostenimiento del espacio; hombres y mujeres cocinan, asean, estudian y trabajan la tierra por igual. El espacio cuenta con una tienda, a la cual llegan civiles y militares. Allí hay una relación fraterna entre todos, pues la tranquilidad en la serranía es mayor ahora.

Se trabaja doble, pues se sabe que el camino es largo y difícil. A la fecha, el cumplimiento de la implementación va a paso lento y por lo tanto se requiere ahondar esfuerzos para avanzar, no descansar casi nunca y dedicar todo el tiempo y compromiso a la cooperativa y a rehacer el tejido social en la comunidad. La decisión de estas personas es apostarle todo a la paz. Aun si el Gobierno no cumple, ellos continúan, puesto que son conscientes de que mediante este método también construyen otro país y se contribuye a la reconciliación.

En estos esfuerzos los excombatientes no se encuentran solos, pues la apuesta por la paz y la transformación del campo colombiano ha dado pasos agigantados en esta región. Por ejemplo, en una apuesta por la integración con la comunidad avanzan en la compra de una finca para el desarrollo de proyectos productivos. Esta cuenta con decenas de socios, entre los cuales se encuentran excombatientes y miembros de la comunidad, 30 % de excombatientes y 70 % de organizaciones sociales y comunitarias conforman la cooperativa Catypsa, que traduce Cooperativa Agroecológica Turismo y Paz Soberanía Alimentaria.

Esta apuesta no solo vincula a la comunidad con los excombatientes, sino que a su vez promueve dinámicas de producción basadas en la solidaridad y el respeto, para así dejar de lado la competencia e intentar nuevas posibilidades de crecer humana y económicamente, buscando excluir las formas de producción y competencia capitalistas, construyendo otro tipo de producción que se base no en la acumulación individual sino en el bienestar común, que no mida sus resultados sólo en regalías y eficiencia, sino más bien en sus aportes al desarrollo comunitario.

Los excombatientes se han propuesto no dejar de lado la protección y cuidado del medio ambiente, así como la promoción de su disfrute por medio del turismo, pero de una manera verdaderamente responsable. Su espacio ha sido sede de diferentes eventos y desde allí se han impulsado iniciativas de cuidado del territorio.

Se suele reiterar por parte de la comunidad de campesinos y excombatientes que los retos son grandes y la solidaridad que se está construyendo en el municipio de Mesetas también. Pero no por ello se pueden omitir las dificultades que ha generado el lento avance de la implementación, pues las dificultades para el acceso a la zona y el recortado presupuesto para la ejecución de muchos de los proyectos productivos han sido obstáculos que han debido sortear.

Fotos Juan David Vargas – Agencia Prensa Rural.

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