Apuntes de política de cuadros

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Giovanni Libreros

Dimitrov sostenía que una de las cuestiones más actuales de los partidos comunistas y de las juventudes comunistas era el problema de saber elaborar “una política justa de cuadros”. Justa significa que esa política debe tener en cuenta por lo menos, seis criterios orientadores: 1) un estudio sistemático de los cuadros; 2) las promociones deben tener en cuenta la relación del cuadro con las masas; 3) capacidad para descubrir y utilizar las valiosas cualidades de cada cuadro; 4) tener en cuenta y saber resolver de un modo adecuado las dificultades del orden material, familiar, etc.; 5) apoyar a los cuadros en la corrección de sus defectos y errores en sus funciones y en la vida cotidiana; y 6) la necesidad de velar por la preservación de los cuadros ante los ataques del enemigo. Como puede apreciarse, esta elaboración exige un esfuerzo colectivo y permanente desde las direcciones y las células. La política de cuadros no es una labor exclusiva, personal, ni algo que se haga en solitario, sino que es un proceso consciente que abarca varios momentos, niveles y responsabilidades partidarias.

Pero no es suficiente tener claro estos aspectos si en la práctica cotidiana se actúa en contravía de estos lineamientos.

Podemos encontrar situaciones en las que se presenta una brecha entre lo ideal y lo real. Como en toda estructura de relaciones humanas cuya esencia radica en el carácter contradictorio de las visiones, intereses y deseos que están comprometidos, pues resulta inevitable que surjan allí conflictos y luchas. En el curso de estas dinámicas pueden aparecer lógicas de grupo y dispositivos de poder que impidan que se realice de manera adecuada la política de cuadros, perjudicando de manera notable el desarrollo y crecimiento del partido. No olvidemos que existe una relación directa entre número de cuadros y crecimiento partidario; podríamos decir, en otros términos: dime con cuántos cuadros dispones y te diré cuánto puedes crecer.

Deformaciones lesivas

De ahí la amenaza de que aparezcan ciertas deformaciones lesivas para el tratamiento de los cuadros y la cohesión del Partido. Por ejemplo, en lugar de una política de cuadros colectiva e igual para todos, se puede incurrir más bien en una política hacia el cuadro individual de forma preferencial y exclusiva. La política de cuadros se quiebra cuando termina reemplazada por un sistema de favorecimientos que tiende a integrar a unos cuadros mientras excluye a otros, por lo general con criterios sesgados y arbitrarios. No basta entonces con tener una política de cuadros, si en la práctica, esta no puede llevarse a cabo en razón a la existencia de enfrentamientos de grupos y sus dispositivos, dificultando y anulando su justa implementación. El problema con los dispositivos de poder es que, en la mayoría de casos, permanecen ocultos y resulta muy difícil identificarlos para poder desactivarlos a través del ejercicio correcto de la crítica y la autocrítica.

La selección de los cuadros

Un aspecto crítico de este problema tiene que ver con los criterios fundamentales que deben orientar la selección de los cuadros en las conferencias y congresos. Dimitrov, nuevamente, nos sugiere algunos criterios: 1) promover cuadros que se destaquen por una profunda fidelidad a la causa obrera y al partido, probada en la lucha frente al enemigo de clase; 2) la más íntima vinculación con las masas: vivir para los intereses de las masas, tomar el pulso a la vida de las masas, a su estado de espíritu y a sus anhelos. La autoridad de los cuadros del partido debe apoyarse sobre el hecho de que las masas reconocen en ellos a sus dirigentes; 3) tener en cuenta cuadros que sepan orientarse por sí mismos en las situaciones complejas y que no teman tomar decisiones difíciles. No es dirigente quien teme asumir una responsabilidad. Un auténtico cuadro dirigente no se limita a hacer lo que le mandan. Tiene opinión, iniciativa y se arriesga a llevarla a cabo junto con otros, respetando la dirección colectiva y el centralismo democrático; y 4) la disciplina y el temple revolucionario, que implica una permanente disposición a luchar contra el enemigo de clase, como también para combatir de forma consecuente, sin sectarismo y con plenas garantías, todas las desviaciones del proyecto revolucionario y la línea del Partido.

Tenemos la necesidad de observar cuidadosamente estas condiciones para una acertada selección de los cuadros, para que no predomine el juego cerrado de las pequeñas disputas por micropoderes que llegan a ser la causa de que no logremos una adecuada formación y promoción de los cuadros. El estatuto del partido ofrece garantías para que cada militante decida, libre de cualquier coacción externa, delibere por sí mismo a la hora de seleccionar los cuadros que más se acercan a estas condiciones, esto gracias al ejercicio del voto secreto que permite deshacerse de ataduras que puedan viciar la voluntad cuando de decidir se trata.

La democracia interna del partido se apoya en el convencimiento de que existe un carácter político en los debates y las decisiones sobre los cuadros, pese a que, en ocasiones, aparezcan algunas opiniones que puedan tornarse demasiado personales, sesgadas, caprichosas y exageradas en juicios de valor. En estas situaciones es muy importante trabajar por el cuidado de los cuadros, evitando que la crítica se desborde al punto de lesionar la dignidad del cuadro, degenere en el atropello e incluso que pueda llegar hasta el maltrato. Nuestros cuadros son muy valiosos y le han costado mucho al Partido en este largo proceso de formación, como para perderlos por cuenta de los errores y por un mal método de evaluación sobre su labor y papel. El partido no puede darse el lujo de prescindir de ninguno de sus cuadros, debe aprovecharlos a todos (as) aceptando lo que muy bien nos recuerda Dimitrov: “hombres ideales no existen: hay que tomarlos como son, corrigiendo sus lados flojos y sus defectos”. Hay que evitar el veto a cuadros buenos que, si se les asignase un trabajo más en consonancia con ellos, aportarían un gran beneficio al partido.

@GiovaniLibreros 

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