Aproximaciones al cine ecuatoriano

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Fotograma de la película La mala noche (2019). Foto Cuevana

En 2006 se aprobó la primera Ley de Fomento del Cine Nacional, que otorga premios en recursos financieros a la producción de películas. El apoyo estatal a la cultura oxigenó las producciones cinematográficas

Andrés Enrique Alarcón

Carlo Valenti Sorié instaló su barbería en Guayaquil, pero estaba lejos de querer ser barbero. Pasaba horas encantado con el cinematógrafo que lo acompañaba desde Italia. El artefacto ya era popular en Europa, pero en América Latina, y especialmente en un país como Ecuador, era una raridad. Al fin, con el invento de Lumière en las manos, Sorié realizó su primera proyección de películas en 1906 apoyado por la comunidad italiana del puerto. Y así siguió, captando imágenes y convirtiéndolas en importantes registros para el inicio de lo que hoy es el cine ecuatoriano.

¡Captar imágenes! Tal vez el fenómeno tecnológico más impresionante de la historia, especialmente cuando se captura la imagen en movimiento. En 1889, William Dickson, el asistente de Thomas Edison, inventó el cinetoscopio y el cine tuvo allí su génesis. Pero al dispositivo le faltaba un detalle: aún no proyectaba imágenes. Por eso, cada espectador realizaba la aventura individual de entrar en la cámara oscura durante 15 minutos y observarlas.

Fue solo tres años después, en Francia, que León Bouly realizó la transformación del cinetoscopio en cinematógrafo y consiguió entonces grabar y proyectar en pantallas de luz. Rápidamente, con la ayuda de los hermanos Lumière, el invento se patentó y comenzaron las primeras pequeñas producciones.

Ambos mundos

Por estos lados de América, en Ecuador, Sorié consiguió su proyección en pleno desarrollo de la Revolución Liberal iniciada en 1895, en medio de un respiro político que tornaba menos asfixiante toda la herencia de una tradición conservadora y clerical. En 1910, con el gobierno de Eloy Alfaro, nació Ambos mundos, la primera agencia nacional de producción cinematográfica.

Alfaro promovía transformaciones importantes en el país: defendía la separación de la iglesia y el Estado, el divorcio y el trabajo femenino en los cargos públicos; exoneró los tributos indígenas y unificaba esfuerzos para rescatar la Gran Colombia de Simón Bolívar, atreviéndose incluso a interceder ante España en apoyo a los patriotas cubanos independentistas encabezados por Martí. El cruel asesinato de Alfaro en 1912, a manos de liberales oligarcas y líderes conservadores, tuvo como consecuencia la suspensión de los proyectos de educación y cultura gratuitas, repercutiendo en la estagnación del cine.

Inestabilidad

Sólo en la segunda década del siglo XX se intensificaron los rodajes, registrando la vida cotidiana y mostrando la llegada frecuente de navíos extranjeros al país. En 1924 Augusto San Miguel mezcló la captura de imágenes con las denuncias de los indígenas y la producción de El tesoro de Atahualpa inició las películas de argumento. El guion narra la lucha del médico Alberto García contra el extranjero Van den Enden por el legado del Inca, un patrimonio histórico nacional.

A pesar de los esfuerzos, el cine ecuatoriano no pudo seguir el ritmo de otras cinematografías. La inestabilidad de los gobiernos, la dictadura militar de 1963 a 1966 y los periodos de Rodríguez Lara y del Consejo Militar, que se extendieron de 1972 a 1979, dieron poco respaldo a la cultura. La verdad es que entre 1930 y 1970 solo fueron realizados algunos documentales por inmigrantes europeos y contadas películas de ficción dramática.

Nueva generación

La situación perduró hasta que a finales de los setenta surgió una nueva generación de cineastas que inició la producción de cortometrajes documentales, agregando una nueva mirada y conciencia a la historia nacional. La consolidación de la Asociación de Autores Cinematográficos, Asocine, fundada en 1977 y la creación de la Cinemateca Nacional, en 1981, generaron un nuevo impulso.

Al mismo tiempo, la influencia de producciones europeas aportó una nueva forma de ver el pasado, dejando de lado la mirada documental y contando la historia ecuatoriana a partir de ficciones exageradas que caricaturizaban personajes históricos. Recordemos que este movimiento tuvo un fuerte eco en el cine latinoamericano, siendo la base de la producción de largometrajes hasta el inicio de la década de 2000.

Aumento del 300%

En la década de los noventa, Camilo Luzuriaga con La Tigra (1990), ganadora del Festival de Cartagena y Entre Marx y una Mujer Desnuda (1996) y después Sebastián Cordero con Ratas, ratones y rateros (1999), son los principales ejemplos de un cine renovado, que influye directamente en producciones posteriores como la conocida Qué tan lejos (2006) de Tania Hermida, estrenada en 2006. Vale destacar que La Tigra se convirtió en un éxito taquillero en Ecuador, al punto que fue la primera película nacional en conseguir cubrir sus costos de producción.

Más de 100 años después de la creación del cinetoscopio y después de 30 años de dura lucha de Asocine, se creó en el 2006 la primera Ley de Fomento del Cine Nacional, otorgando premios en recursos financieros para la producción de películas. La mayor atención a la cultura desde el 2007 oxigenó el cine ecuatoriano. Las cifras no mienten: la Ley permitió un aumento del 300% en la producción y entre 2018 y 2020 se estrenaron alrededor de 20 películas por año. Se destaca La Mala Noche (2019), de Gabriela Calvache (nominada «Mejor película iberoamericana» en los premios Goya, en España) y Torero (2018), de Nora Salgado.

Un caso aparte es Dedicada a mi ex (2019), de Jorge Ulloa, que favorecida por la distribución de Sony Pictures se convirtió en la película nacional de mayor taquilla hasta el momento. Con esa excepción, aunque exista una interesante producción anual de películas y contenidos audiovisuales, la mayor parte no llegan al público nacional ni al internacional. Pero sabemos que esto no es sólo un problema exclusivo del cine y el público ecuatoriano.

La dificultad en general de las producciones latinoamericanas para establecerse y hacerse un público en sus propios países es una realidad ocasionada por la falta de incentivos y políticas públicas para la distribución, así como por los constantes recortes en los fondos para proyectos y talleres. Igualmente, la falta de espacios convencionales y alternativos van creando un ambiente desfavorable y la sensación para una parte importante del público de que nuestro cine es inferior a las producciones de Estados Unidos o Europa. Algo que debe ser desmitificado.

La esperanza del cine

En Ecuador es tiempo de elecciones presidenciales. La candidatura de Andrés Arauz siembra esperanzas para todos. Claro, también para el cine. La mayoría del pueblo ecuatoriano ha demostrado que no quiere más neoliberalismo ni imposiciones imperiales. Es un pueblo pluriétnico, que tiene mucho que contar y profesionales que han tratado de mantener encendida la llama viva de su cine. Desde Colombia y Brasil hay que recorrer juntos el camino hacia las transformaciones democráticas.

No estamos más en la aventura individual de mirar el cinetoscopio. No hay otra manera de combatir el dominio sobre el arte y la cultura si no es en equipo, una alianza entre los pueblos de América Latina y sus cineastas, fotógrafos, guionistas, directores de arte y productores. Todos juntos, alentando el avance de las políticas inclusivas y de justicia social.

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