Ante la xenofobia, amor eficaz

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Luis Almagro, secretario general de la OEA, recibe las cartas credenciales de Alejandro Ordoñez, embajador de Colombia ante este organismo internacional. Foto OEA.

Las declaraciones de Alejandro Ordóñez en la OEA ponen de manifiesto el carácter criminal del régimen político en Colombia y el talante despótico de nuestra clase dominante. El miedo y el odio son el discurso político de la derecha

Roberto Amorebieta
@amorebieta7 

El embajador de Colombia en la Organización de Estados Americanos, OEA, Alejandro Ordóñez, ha expresado en un foro de la organización que existe un plan continental para expandir la ideología socialista por América Latina a través del Foro de Sao Paulo, y que la migración de venezolanos hacia los países del continente forma parte de esa estrategia. Lo irónico de sus declaraciones es que el exprocurador no se equivoca en lo primero, a pesar del tono grandilocuente que él utiliza, pero su segunda afirmación es absolutamente despreciable y propia de una persona llena de prejuicios y odio.

Por supuesto, la declaración de Ordóñez ha sido criticada por todos los analistas y formadores de opinión, e incluso ha sido desautorizada públicamente por sus jefes, el canciller Carlos Holmes Trujillo y el presidente Iván Duque. Al momento de escribir estas líneas el embajador no había aún presentado su renuncia, pero es de esperar que ante semejante ridículo (sin entrar a valorar sus palabras), Ordóñez se vea impelido a presentar su dimisión.

Sobre el Foro de Sao Paulo

Claro está, que en un país como Colombia donde no se conjuga el verbo renunciar, el corrupto exprocurador se atornille al cargo, así como lo han hecho funcionarios cuestionados como el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, el fiscal general Néstor Humberto Martínez o el ministro de Defensa Guillermo Botero.

Entrando a analizar sus palabras, debe decirse que el embajador acierta en su afirmación de que existe un plan continental para expandir el socialismo por la región. Como se sabe, el Foro de Sao Paulo es una organización latinoamericana que reúne a partidos y movimientos políticos de todos los países y que profesan una ideología revolucionaria, de izquierda y democrática. Si se permite la expresión, es la Internacional Progresista latinoamericana.

En el Foro hay partidos que han ocupado y ocupan el poder en muchos países, como el Partido de los Trabajadores de Brasil, PT, el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, o el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, FSLN. Los partidos miembros del Foro se reúnen periódicamente para compartir sus experiencias, planificar estrategias conjuntas de cooperación y fortalecer los lazos de fraternidad entre todos los revolucionarios del continente.

Otra cosa es el tono dramático y apocalíptico que Ordóñez utiliza para describir este proyecto político. Una iniciativa democrática, revolucionaria e internacionalista es presentada como una amenaza para la estabilidad de los regímenes de la región. Un esfuerzo por coordinar las luchas por la transformación social es vista como un riesgo a los privilegios de los de siempre.

Una voz de los pueblos sojuzgados de América Latina es interpretada como un desafío a las “democracias” burguesas del continente. ¡Pues menos mal!, podría decirse. Si una figura tan retardataria y un símbolo de lo que este país debe dejar en el pasado, como Alejandro Ordóñez, se refiere al Foro de Sao Paulo con tanto miedo y tanto odio, es porque algo se está haciendo bien.

La migración

Otra cosa es la afirmación de que la migración de venezolanos es parte de esa estrategia. Aquí Ordóñez no solo peca de ignorante; también incurre en una actitud pérfida contra personas que desde todo punto de vista son víctimas de una compleja situación. Los y las venezolanas que han decidido irse de su país lo han hecho obligados por una situación económica que no es fácil. Buscan un mejor futuro para sí, para sus familias y también para sus familiares que se quedaron en Venezuela.

Tienen todo el derecho de decidir en qué país afincarse y tienen todo el derecho de ser respetados en igualdad de condiciones a los nativos. Migrar es un derecho humano. Quien migra lo hace, generalmente, en condiciones de vulnerabilidad y por ello debe ser objeto de solidaridad.

Pero el fenómeno de la migración no solo debe ser analizado desde el punto de vista del migrante. También puede verse desde el punto de vista de la economía del país receptor. Se suele usar el argumento de que los migrantes, en concreto los pobres, les quitan los trabajos a los nativos, colapsan los servicios de educación y salud, traen delincuencia y marginalidad y, en casos de extremismo ideológico, se dice que son nocivos para la pureza identitaria de los pueblos donde llegan, es decir, hacen mestiza una sociedad que antes era homogénea.

Todos estos argumentos no solo son equivocados, sino que ponen en evidencia cómo el pensamiento de extrema derecha basado en la intolerancia y el miedo ha calado en muchas personas en todo el mundo.

La situación no solo es mucho más compleja. Es, de hecho, al contrario de lo que se suele decir. Los migrantes llevan sus tradiciones y costumbres a los países o a las regiones a donde migran. Contribuyen a enriquecer el acerbo cultural, hacen más tolerante a la gente, rompen las barreras entre los pueblos y nos permiten darnos cuenta de que, con nuestras diferencias, todos somos iguales, todos somos explotados, todos queremos trabajar y todos queremos vivir en paz.

Por supuesto, las condiciones en las que llegan la mayoría de los migrantes son difíciles, pero al contrario de lo que se piensa, ellos no son una carga para las sociedades receptoras, son una oportunidad. Son más brazos para trabajar, son más cerebros para dar rienda suelta a la creatividad, son más corazones para amar e imaginar un mundo donde todos quepamos.

Amor eficaz

Por ello es doblemente pérfido lo que ha dicho el corrupto exprocurador. Por un lado, miente al afirmar que la migración venezolana forma parte de un plan macabro, exacerbando la xenofobia contra los migrantes venezolanos que ya se percibe en varios países latinoamericanos, y además se ceba en una población vulnerable utilizándola como arma arrojadiza contra el gobierno revolucionario de Venezuela.

No tiene piedad, es incapaz de sentir empatía. Pone en evidencia el carácter imperialista de la agresión contra la República Bolivariana. No les importan las personas, ni los derechos humanos, ni la libertad de expresión. Solo quieren servir obsecuentemente al amo imperial, son “más papistas que el Papa” y su acomplejada necesidad de aprobación les lleva a decir sandeces como esta, que avergüenza a Colombia ante el mundo.

Que los venezolanos y las venezolanas resuelvan sus problemas internos sin injerencias, que nosotros en Colombia les abrimos los brazos así como allá nos acogieron generosamente en los años 70 cuando la crisis se padecía aquí. Ante la xenofobia, debemos anteponer la solidaridad. Ante el odio, debemos practicar el amor eficaz. Ante el miedo, debemos contagiarnos de valentía. Y ante este régimen que cada vez exhibe su fascismo con menos pudor, debemos anteponer la lucha constante y comprometida por construir un país y una América Latina para los pueblos y no para el capital.

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