Ángela María

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Simón Palacio
@Simonhablando

“Colombia tendrá una mujer como vicepresidenta”, tituló El Tiempo en su especial del lunes después de elecciones y conocidos los resultados electorales. Marta Lucía Ramírez y Ángela María Robledo, fórmulas vicepresidenciales de los ganadores, continuaban en la carrera de llegar por la vía democrática a los máximos puestos del poder político del país.

La coyuntura, pero en especial la nota de prensa, me recordó un intercambio de opiniones que tuve con una amiga feminista. Ella me argumentaba que el actual debate electoral estuvo marcado por un espíritu machista que se vio reflejado en el retiro de las candidaturas femeninas de la contienda por falta de garantías y por la posición secundaria que tuvieron cuatro fórmulas vicepresidenciales. Tenía razón, fue una campaña vergonzosamente patriarcal.

Luego de leer la prensa y calcular en mi cabeza las distintas movidas que tomarían las campañas sobrevivientes, pensé en Ángela María, en su papel articulador a la hora de generar alianzas, en su excelsa personalidad para construir los agrietados puentes de las fuerzas democráticas y en su carisma para lograr la deseada unidad.

Pasaron los minutos, las horas, los días. Los medios anunciaban de forma rimbombante como todo el viejo país y sus clases políticas descompuestas se alineaban en el propósito de evitar a toda costa los cambios. Emergía la orientación pusilánime del voto en blanco en los máximos representantes de la Coalición Colombia y los partidos minoritarios se decantaban en apoyar sin unanimidad la campaña de la Colombia Humana.

Confieso que en la noche del jueves 31 de mayo, lo que parecía difícil se tornaba imposible. Con el poder de las maquinarias y con un voto en blanco funcional a Álvaro Uribe, la esperanza se veía diluida en el sectarismo de los egos políticos. La oportunidad histórica la veía perdida.

Al despertar, con el propósito de arrancar un nuevo mes, comencé a navegar en internet. Accedí a la protocolización de la adhesión del Partido Verde a la campaña de Petro y sin grandes expectativas me uní a la transmisión en vivo. Al ver la elocuencia y propiedad con que Ángela María llamaba a trabajar por la “Coalición de la paz y la democracia” algo de mí volvió a creer. Su sonrisa entusiasta me decía que la tristeza es un placer de la burguesía y que lo que queda es trabajo por hacer. Recordé la máxima de aquel mayo del 68, fui realista y soñé lo imposible.

El próximo 17 de junio votaré por el girasol de la unidad, votaré por Ángela María Robledo.

Adenda: No olvidamos la operación Orión, señora Marta Lucía Ramírez, no olvidamos. Y la verdad que nos falta del Club El Nogal.

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