Alteridad y diferencia sexual

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Redacción mujeres

Los hombres del poder están llamados a escuchar la voz de las mujeres, la palabra ordenadora de la vida, la palabra diferente, la palabra libre, pues las relaciones entre los sexos, entre los seres humanos, hay que comprenderlas en virtud de los vínculos dadores de vida, legitimadores del orden materno, fundamento de la vida y no de la muerte. Por ello la política de los vínculos entre los sexos es una política de comprensión del otro, de su alteridad y de su libertad frente a la vida. No podemos olvidar que estamos en la vida y que nuestro origen está fundamentado en la vida dada y otorgada por el cuerpo de una mujer que nos ha dado la palabra y la posibilidad de mediar entre todas y todos, para alcanzar a comprender a ese otro y esa otra que está en mí.

Tenemos que avanzar en la mediación femenina para detener y educar en un orden sexual humanista y respetuoso de la alteridad del otro y de la otra, de lo que me da la vida: solo así  puedo recuperar y restituir aquello, que me quiere quitar la vida en medio de este neoliberalismo depredador de los seres humanos, de los cuerpos y de los más vulnerables.

La diferencia sexual y la diferencia de géneros

Si se abre la mediación verdadera, entre nuestros límites y de aquellos que quieren con poder y su cólera dominar y explotar a los más vulnerables, la política de corte de la diferencia sexual se constituye, en ese más, para significar una verdadera presencia de la potencia de la mujer. En la presencia de las mujeres y nuestro rechazo a la guerra frente al conflicto, que hoy tiene salida con el acuerdo de paz, vemos un renacimiento de un nuevo orden social, político y económico, el cual pone al orden del día la sabiduría y la creatividad de las mujeres en la lucha por la paz.

El principio de igualdad, lucha crucial de los derechos de todos y todas, no es suficiente para la lucha contra la violencia sexual, esta esconde la alteridad y la existencia diferente de todas y todos. Por estas razones, es necesario volver al fundamento de lo político. Pues sin lo otro, sin las relaciones de concordia, no hay política, hay envidia, la envidia niega la alteridad del otro.

Se trata, pues, de educarnos en la alteridad. Para reconocer la alteridad se necesita atesorarla. Educarse, no para clasificarnos sino para educarnos en relación. Es lo que dice María Zambrano en el sentido de entender la mediación frente al otro, frente a la otra, como un acontecimiento que se de en el reconocimiento del otro, en la infinita piedad por la vida, y el respeto por el otro. Dejarse dar por el otro es reconocer su don. Dejarse dar por el otro que es distinto. Es aceptar al otro y a la otra.

Educar en la alteridad

La violencia masculina de los hombres de poder, pretende dejar el mundo femenino al desnudo. No acepta su manera de ser. No visibiliza, mata. El lazo social se rompe en el capitalismo y las relaciones se vuelven indiferentes frente a los y las demás. Pero, lo femenino se resiste a dejarse dominar del poder patriarcal y la dominación capitalista. El fundamento de lo político se pone al descubierto si lo saco a la luz de lo simbólico, o sea, la palabra femenina. El fundamento de lo político es lo otro, es la mujer. Lo otro que es ser mujer. Eso me da su constante presencia. El orden simbólico tiene que dar  un lugar en el mundo para todos y todas. La violencia machista niega esto. Ese irreductible es el respeto que le confiero al otro. Prever los espacios de conflicto para recuperar lo irreductible que es esa otra. Es lo que dice Virginia Woolf y nos enseña sobre la relación entre la vida, las palabras y los hechos, para poder así continuar con el orden de la vida. Poner en juego el negativo, para poderlo comprender, es decir la verdad del otro y de la otra. Lo negativo de los hombres es inmenso. Estos sienten una dislocación frente a sí mismos cuando la mujer está embarazada o cuando toma la vía de la separación.

El poder sustituye la relación de amor y de convivencia

El neoliberalismo desordena las relaciones sociales y las relaciones entre los sexos. Pues incita a perpetuar el orden individual y el narciso entre los sexos. Un Yo que rechaza al otro, rechaza la relación de concordia, los vínculos de afecto y de respeto por el otro y la otra. Un Yo sin relación. Un Yo de la personalidad autoritaria. Esto lleva a una falsa conciencia de sí. Lo que era un principio de amor a la madre se ve como una atadura y produce cólera. Los dos viven en un desorden simbólico propiciado por las políticas neoliberales, negadores del orden social de concordia y respeto entre los sexos.

Nos corresponde decir no a las demandas del poder patriarcal sobre nuestros cuerpos. La desmesura del poder frente a las relaciones sustituye la relación. El poder sustituye a la relación amorosa. El dominio en la relación quiere poseer lo que no es posible poseer. La libertad y el deseo de ser en relación. Es necesario decir no a las demandas de poder. Sin olvidar nuestro origen. La vivencia del vínculo amoroso se convierte en un vínculo de atadura. Ello genera un desplazamiento que crea un círculo vicioso que va de la ruptura a la rivalidad, a la pérdida continua de autoridad, se aumenta la herida simbólica de desconocimiento de la mujer. Se trata de aprender a amar a las genealogías femeninas, aprender el control y aprender la mediación.

Concordia entre los sexos

Hay una realidad sangrante frente a las mujeres y se hace necesario decir basta. La cólera y la violencia de los hombres contra las mujeres son injustificables y se vuelven imposibles para la vida de miles de mujeres. Es la relación la que está en juego en la dicotomía entre la esfera pública y la esfera privada. Como partidos revolucionarios tenemos que detener la violencia sexual perpetuada contra las mujeres, las niñas y los niños. Esto solo puede alcanzarse con la reducción de la violencia entre lo público y lo privado, reduciéndolo a la lucha entre los sexos en la casa, a la búsqueda de la relación con lo político, entendiendo que la relación entre los sexos es lo más político que existe y hacer que la mediación entre los sexos encuentre su medida: pues mi cuerpo es mío y este no está disponible en la mediación.

La violencia contra las mujeres

Se hace necesario buscar la mediación que haga medida a la relación entre lo público y lo privado. La mediación es para evitar no para responder a ella. La política es la mediación. El fundamento de lo político está en lo vivo. Son las relaciones entre los sexos. Es la manera como nos relacionamos por el hecho de ser mujeres. Dejarse dar por el otro es reconocer su don. Si miles de mujeres parten de sí, se abre una mediación verdadera, entre nuestros límites y de aquellos que quieren con su cólera quitarnos la liberad.

Las mujeres tenemos un mundo propio y un cuerpo propio, el amor, la dependencia, la vulnerabilidad, son lo más político que hay. Pues, el mundo es esto, es ese otro irreducible. El mundo femenino no se deja reducir al poder. los hombres del poder se niegan a reconocerle autoridad a ese cuerpo de mujer, a esa autoridad femenina. La dignidad de la mujer es su entrega y su amor civilizatorio a la relación. Al no poder controlar la grandeza de la criatura femenina, de los niños y niñas, de la diferencia sexual, el poder del hombre autoritario se desborda en su desorden y pretende apagar la luz de la vida, de su vida, que es el propio nacimiento. El fundamento de lo político, por ello, está en lo vivo. El fundamento se expresa a través de las relaciones entre los sexos y se constituye en política sexual. Las mujeres somos  mediadoras de la esperanza, y del don del otro y de la otra.

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