Aleida Guevara habla para VOZ (II): “Sin dignidad, no puede haber paz”

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Aleida Guevara March.

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La hija del Che Guevara, en conversación con este semanario, habla de las relaciones entre Fidel y Chávez, de los procesos de integración en América Latina y de las conversaciones de paz con la guerrilla colombiana en La Habana

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Alberto Acevedo

–Cuando usted reconoce en Fidel a un jefe militar, admite también que a Fidel le duele mucho en lo personal perder a uno de sus compañeros. ¿Ha sido eso siempre así, aun hoy, con la muerte de Chávez?

–Ahora es más, primero porque Fidel está más viejo en este momento. Segundo, porque Chávez es prácticamente su hijo. No es solamente el haber perdido a un compañero. El amor que había entre ellos dos era un amor filial. Era de padres a hijos. Yo hice una entrevista a Chávez una vez y cuando tocamos el tema de Fidel yo tenía cierto temor de si publicaba todo, porque si tú dices que admiras a Fidel Castro podía ser dañino para su figura, para su propia estabilidad política en el momento en que se estaba viviendo.

Así que le pregunté: ¿Presidente, esto lo puedo publicar? -“Claro, si te lo estoy diciendo”. Era una de las cosas más lindas de Chávez. Su gran honestidad. Lo decía tranquilamente. Y además lo decía sin miedo, sin tapujo ninguno.

Él me dijo: “cuando estuve en la cárcel, la única preocupación que yo tenía es si algún día podría conocer personalmente Fidel. Si me iba a dar tiempo la vida para poder conocer a Fidel. Y me la dio. Y fui a Cuba, pero nunca iba a esperar que Fidel estuviera en la escalerilla del avión esperándome. Eso fue para mí algo único. Fidel me saludó, yo lo saludé, y en ese momento ya lo respetaba. Lo admiraba, como jefe no solamente militar, sino como estratega, como político, como creador de una sociedad diferente”.

¿Sabes cuándo aprendimos a querer tanto a Chávez en Cuba? ¿Cuándo el pueblo le tomó el amor extraordinario que siente por Chávez? No solamente cuando lo vimos actuar por su pueblo y por toda nuestra América, sino cuando hizo sonreír a Fidel, cuando Fidel estuvo muy enfermo, cuando estaba bien débil, Chávez estuvo a su lado, tomándolo de la mano, es una cosa que para nosotros nos marcó. Es un hombre que queremos, que admiramos. Y Chávez hizo que Fidel volviera a sonreír.

Que se volviera a reír, y eso nunca se lo pudimos agradecer lo suficiente. Porque son cosas que a veces tú no puedes pagar, tienes que devolver, y se devuelven así, con afecto, con cariño y sobre todo con apoyo solidario. Por eso el pueblo cubano está muy dispuesto a ayudar al pueblo venezolano en todo lo que sea necesario. Chávez nos marcó para siempre en ese sentido.

Estoy muy entusiasmada

–Usted es médica como su padre y es observadora política como el Che. ¿Cómo mira usted los procesos de cambio que se viven en América Latina?

–Sé que nos falta mucho todavía, no es lo que nosotros necesitamos. Pero estamos caminando. Por primera vez nuestros pueblos son dueños de lo que producen. Es la única manera que tenemos para cambiar la realidad que vivimos. Nadie nos va a regalar el dinero, nadie nos va a dar una educación gratuita. Nadie nos va a dar una salud gratuita. La única manera de poder crear estas cosas es siendo dueños de lo que producimos. Y Venezuela, Ecuador, Bolivia, comienzan a ser dueños de sus propios recursos naturales.

Por primera vez en Venezuela, el petróleo sirve para alimentar a su gente, sirve para hacer vivienda a su gente, sirve para mejorar todo el sistema social de su pueblo. Por primera vez en la historia de Bolivia de verdad se nacionalizan los recursos naturales, de verdad se ponen al servicio de su pueblo. Por primera vez un país como Ecuador exige su propio dinero que fue vendido por otros presidentes a un banco de Estados Unidos. Por primera vez con esas reservas que tiene ha construido cosas para su pueblo, ha podido arreglar carreteras, viviendas, hospitales. Por primera vez ocurren estas cosas en Nuestra América.

Así que yo estoy muy entusiasmada. Sé que nos falta mucho todavía, sobre todo en unidad, en que los pueblos de Nuestra América tengan la posibilidad de decir lo que piensan, de levantar su voz. Durante siglos han sido explotados, humillados y olvidados. Estamos en el momento de rescatar nuestra verdadera cultura, nuestra verdadera fuerza popular.

–¿Qué cree que pensaría el Che viendo ahora a un líder indígena al frente del gobierno en Bolivia?

–A mí nunca me gusta contestar por mi papá. Yo lo respeto mucho, mi padre es un hombre muy superior a mí, desde el punto de vista intelectual, desde el punto de vista humano, mucho más completo que yo. Así que vaya usted a saber las cosas que él estaría diciendo en este momento. Pero seguramente estaría feliz. De eso no me cabe la menor duda. Estaría tratando de ayudar en ese sentido a Evo en todo lo que pudiera. Estaría muy cerca de nuestros pueblos, intentando de alguna manera ser más útil, de estar más presente en los procesos de cambio que hoy vivimos.

Un pueblo siempre rebelde

–Usted es una mujer que anda por el mundo. Es la primera vez que llega a Colombia. ¿Qué percepción se lleva de este país?

–Tengo muy poquitos días aquí en Colombia. Todavía no he tenido los encuentros mejores, que es con los jóvenes, que es donde tú puedes ir palpando cómo van pensando, qué van sintiendo. Hoy estuve caminando por algunas calles en Bogotá y vi fotos de mi papá. En la estatua de Bolívar vi ‘Guevara y Camilo’. Eso me llamó mucho la atención. Pienso que este hombre rompe fronteras. Nos hace analizar la posibilidad real que tenemos como seres humanos de seguir adelante. Este es un pueblo muy guerrero, de siempre. Colombia se caracterizó siempre por su valor, por su entrega cuando quiere hacer algo.

Es muy raro para mí que la burguesía nacional haya tenido hasta ahora tanto poder. De verdad que me extraña mucho eso, porque la historia de Colombia demuestra todo lo contrario, demuestra un pueblo rebelde, un pueblo que no teme irse hasta las armas si es necesario. Siempre lo ha hecho. Entonces en ese sentido yo pienso que hace falta unidad; es lo que nos hace falta, unirnos más. Me parece que el Che sirve para esa unidad.

–Usted es muy crítica en relación a lo que denomina sectarismos en la izquierda. ¿Es un problema de América Latina o es un problema global?

–Desgraciadamente es un problema global. Cuando yo iba por primera vez a Europa yo les decía que no entiendo cómo puede haber un partido comunista y un partido socialista. Si básicamente tienen que ser lo mismo, es la misma ideología. Se reían de mí y me decían: es que tú no sabes lo que es el partido socialista aquí. Yo decía: es que no lo entiendo.

No puedo entender esa división. Y se dividen por pedacitos, eso para mí es inadmisible. Yo nací en un pueblo que se mantiene defendiendo su revolución a 90 millas de la potencia económica y militar más fuerte del planeta, que nos agrede todos los días, que nos bloquea económicamente, y resistimos. Y no somos diferentes a ningún venezolano, a ningún colombiano, a ningún latinoamericano, somos igualitos, con las mismas mezclas culturales. ¿Por qué resistimos? Por la unidad del pueblo, esa unidad es la única que nos permite enfrentar a un enemigo militarmente muy superior a nosotros.

La paz debe ser real

–Usted decía que el Che hablaba de que siempre hay que buscar la paz, pero una paz con justicia social. Desde ese punto de vista, ¿qué lectura tiene del proceso que actualmente se adelanta en La Habana entre los colombianos?

–Yo digo que Cuba ha luchado mucho para que no interfieran en sus problemas internos. Los cubanos aprendimos esa lección desde siempre. Cuando uno vive fuera de una realidad tiene informaciones que a veces no son las correctas, que vienen de un lado y vienen de otro. A veces de los propios amigos nuestros. Después no sabemos cuál de las dos es real. Es muy difícil desde afuera decir: ‘esto es así, o los colombianos deben hacer esto’. Los colombianos tienen que hacer lo que quieren hacer.

Pero tienen que tener conciencia de algo muy importante: la paz es muy necesaria para los pueblos, es muy importante para cualquier pueblo. Pero paz con dignidad, con soberanía, con justicia social. Si no, no existe paz. No podemos hablar de paz mientras haya un niño muriendo de hambre. No podemos hablar de paz mientras haya personas tiradas en las calles y nadie se digna siquiera mirarlas. No podemos hablar de paz mientras no haya dignidad para cada uno de los hombres y mujeres de estos pueblos. La paz únicamente la conquistamos cuando somos capaces de dar beneficios a nuestra gente, cuando con esa paz podemos construir un mundo mejor y más justo para nuestra gente.

Aleida Guevara March.
Aleida Guevara March.