Alcaldías en resistencia

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Víctor Vidal, alcalde electo de Buenaventura.

El 27 de octubre hubo un importante avance de las fuerzas democráticas en todo el país. La Colombia Humana-Unión Patriótica alcanzó valiosas cuotas de poder local y regional. Las alcaldías de Turbaco, Buenaventura, Guapi y Villavicencio son algunas de las más representativas

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

Los resultados de las últimas elecciones regionales y locales en Colombia muestran un cambio de tendencia en la repartición del poder en los territorios. De una cuasi hegemonía de los poderes mafiosos y clientelistas, hemos pasado a un escenario donde la disputa es más abierta debido al avance de las fuerzas democráticas. Visto en perspectiva, el nuevo mapa del poder institucional no se parece en nada al que heredamos del Frente Nacional en 1991.

En efecto, gracias a la nueva Constitución se pasó de un mapa repartido exclusivamente entre los colores azul y rojo a uno más diverso donde hicieron aparición nuevas expresiones políticas como los indígenas, la izquierda y los evangélicos. En aquel decenio fue común la postulación –muchas veces con éxito– de “antipolíticos”, candidatos que no provenían de la política tradicional sino de esferas como el deporte o la farándula. Si bien en su momento estos personajes tuvieron cierto protagonismo –recordemos nombres como Édgar Perea, Willington Ortiz o María Isabel Urrutia–, pronto fue evidente que muchos no representaban una renovación y que su inexperiencia les impedía cumplir con sus promesas de campaña.

Durante los años 90 proliferaron los partidos políticos ya que los requisitos para fundar uno se reducían a la presentación de 50.000 firmas que avalaran la iniciativa y poco más. Llegó a haber más de 70 partidos, lo que contribuía a la pluralidad pero también facilitaba los pactos incestuosos entre los gobiernos y las redes clientelistas, quienes actuaban con mucha más autonomía y no negociaban como bancadas, es decir, al final a los gobernantes les salía más barato comprar a los miembros del legislativo.

La reforma política de 2003 implementó nuevas reglas de juego como el umbral, la lista única, la cifra repartidora o el voto preferente, lo que contribuyó a reducir el número de partidos y a fortalecerlos. Estos cambios, si bien lograron ordenar el debate institucional, no han podido impedir que el uribismo haya impuesto la agenda e incluso haya caracterizado las nuevas identidades políticas en Colombia: uribismo y antiuribismo. Esta nueva correlación de fuerzas ha provocado, entre otros, tres interesantes fenómenos: una aparente fractura entre las élites debido al proceso de paz, un inédito protagonismo de la centroizquierda a causa de la estigmatización uribista primero y de la desestigmatización “santista” después, y finalmente una creciente movilización popular y social en reivindicación de derechos.

Este breve repaso histórico permite reconocer la importancia de esta coyuntura y dimensionar el significado del progreso de las fuerzas populares y democráticas en todo el país. Por ello, más allá del retroceso del uribismo o de algunos triunfos puntuales que tienen más de simbólico que de real, sí merece la pena resaltar cuatro alcaldías que con toda seguridad serán la vanguardia en la lucha por un país en paz con justicia social.

Buenaventura (Valle): Con más del 24% de los votos, Víctor Hugo Vidal Piedrahita, el candidato de la coalición Buenaventura Digna conformada por Colombia Humana-UP y el Polo Democrático se ha alzado con la victoria en el principal puerto del país. Líder del contundente paro cívico de 2017, se ha propuesto hacer cumplir los acuerdos surgidos de esa movilización como el Fondo Autónomo para Buenaventura y la destinación por parte del Gobierno nacional de 1,6 billones de pesos para proyectos de desarrollo en la ciudad. Con una campaña austera donde primó el trabajo voluntario, Víctor Hugo ha sabido recoger el descontento de la ciudadanía y transformarlo en una nueva expresión de poder popular.

Guapi (Cauca): Con más del 43% de la votación, se ha alzado con la victoria el líder del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano y representante de víctimas de la UP, Marino Grueso, por la coalición Frente Amplio por Guapi, conformada por Colombia Humana-UP, MAIS y el partido Farc. Cuando era un firme candidato para ganar la alcaldía en 2015, Marino fue temerariamente acusado de terrorismo y detenido durante varios meses. Finalmente, pudo demostrar su inocencia pero aquel suceso fue devastador para sus aspiraciones políticas de aquel momento. Hoy, derrotando la persecución y el clientelismo se erige como el nuevo timonel del municipio caucano.

Villavicencio (Meta): Con cerca del 22% y más de 48.000 votos, se ha alzado con la victoria Juan Felipe Harman, candidato de la coalición Somos la Alternativa conformada por Colombia Humana-UP, el Polo Democrático, MAIS, Colombia Renaciente y sectores del Partido Liberal. Juan Felipe tuvo que enfrentarse a una campaña especialmente sucia, caracterizada por un fuerte clientelismo, ataques personales y la difusión de noticias falsas. Es especialmente importante este triunfo pues se trata de una capital departamental afectada históricamente por el conflicto, con una amplia presencia de poderes mafiosos y paramilitares y que lleva varios meses aislada del resto del país por cuenta de los derrumbes en la vía al Llano.

Juan Felipe Harman.

Mención aparte merece el triunfo de Carlos Caicedo en la gobernación del Magdalena y de Virna Johnson en la alcaldía de Santa Marta, quienes casi sin recursos lograron derrotar a los clanes políticos más tradicionales de esa región del país. Su movimiento, Fuerza Ciudadana, se perfila como una de las iniciativas democráticas más interesantes del país.

Estos triunfos se suman a los de cientos de concejales, diputados y ediles que las fuerzas democráticas y populares han elegido en todo el país. Con una enorme austeridad, con la verdad siempre por delante y con la convicción de estar cambiando el país, nuestros candidatos y militantes se han desplegado por el territorio y hoy están contribuyendo al logro de la paz. El poder institucional no es todo el poder político, qué duda cabe, pero con él de nuestro lado puede ser más exitosa la movilización y más posible la transformación social.

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