Ahorcar primero a Venezuela, y después “salvarla”

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Donald Trump, presidente de los Estados Unidos en la Asamblea General de la ONU.

Alberto Acevedo

Nunca como hoy, la opinión pública internacional había asistido a un escenario de conspiración y desprecio por las normas del derecho internacional, de arrasamiento de los principios de la no intervención en los asuntos internos de una nación, y de desconocimiento a su derecho a la autodeterminación y a la soberanía nacional, como en la semana que pasó se vio en el marco de las deliberaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde todos los poderes imperiales se confabularon, en satánico aquelarre contra la Revolución Bolivariana de Venezuela y el gobierno que la encarna.

Ahorrando cortesías y disimulos, convergieron en su interés por derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y apoderarse de sus ricos yacimientos minerales, el presidente de los Estados Unidos, el de Canadá, el de Francia, el de Colombia, y los instrumentos internacionales de cooperación internacional que controlan, ya no de cooperación sino de coloniaje.

El tono más alto del coro, desde luego, salió de la garganta del titular de la Casa Blanca, quien no tuvo empacho en asegurar, en un foro internacional de paz, que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría ser “derrocado rápidamente” por militares de ese país, si existiera voluntad paran ello. Dijo que un golpe militar contra el gobierno de Maduro podría triunfar “rápidamente” si las Fuerzas Armadas venezolanas deciden organizarlo, y confirmó que Washington mantiene la opción militar sobre la mesa.

En la casa de la paz

El tono destemplado de semejante ‘diplomacia’, contrarrestó con el mensaje sosegado, inteligente y valiente de la delegación venezolana asistente al evento de las Naciones Unidas. El primero en responder fue el canciller Jorge Arreaza, al pedir respeto para Venezuela y calificar como injerencista y amenazador el discurso de Donald Trump, quien utilizó un lenguaje belicista, “en vez de hablar de paz en la casa de la paz; en vez de hablar de respeto al derecho internacional en la casa del derecho internacional”.

De ese talante fue el discurso del mandatario colombiano, que, tras reunirse con Trump en su despacho, y con el vicepresidente Mike Pence, asume como suyo el discurso imperial y convoca en las Naciones Unidas a una alianza global contra la “dictadura” y el éxodo de venezolanos por el mundo. Sometido a los manejos del titiritero mayor, se hace eco de una ‘indignante’ crisis humanitaria, a la que el presidente Maduro calificó como fabricación de occidente para ambientar un clima de intervención militar directa por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Coro destemplado

Los días que rodearon a la Asamblea General de las Naciones Unidas, fueron intensos en actividades antivenezolanas. Inicialmente, provocaron indignación las declaraciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante una visita a Cúcuta, en la que afirmó que la opción militar contra Venezuela no está descartada. En ese tono estuvieron las afirmaciones del recién nombrado embajador colombiano ante la Casa Blanca, Francisco Santos, y las del jefe del partido de gobierno en Colombia, Álvaro Uribe Vélez.

Una de esas voces destempladas, en un desborde de delirio intervencionista, pidió desde Miami la creación de un escudo antimisiles en el cielo colombiano, apuntando su arsenal contra el hermano pueblo venezolano. La histeria injerencista fue más allá, y cinco países latinoamericanos, liderados por Colombia, pidieron a la Corte Penal Internacional el juzgamiento del mandatario venezolano por presuntas violaciones a los derechos humanos en su país y eventuales delitos de genocidio.

En este concierto, sobresale, no solo por lo destempladas, sino por temerarias, las afirmaciones del vicepresidente norteamericano Pence, quien al tiempo que anunció una partida de 48 millones de dólares para que Colombia atienda los gastos de la inmigración venezolana, advirtió que el gobierno colombiano tendría todo el respaldo militar en caso de una agresión por parte de Venezuela.

Voces sensatas

En el mediano tiempo, esta andanada estuvo precedida de tres intentos de golpe de estado contra el gobierno bolivariano, un intento de magnicidio, cuando drones con explosivos intentaron llegar hasta la tarima presidencial en un acto público en Caracas, el anuncio de nuevas sanciones económicas contra el gobierno de Maduro y su entorno personal y familiar. Esto llevó al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, a afirmar en su discurso ante el foro, que hoy “la gente se siente cada vez más insegura y no confía en las instituciones” de la diplomacia internacional.

Otras voces, que la prensa internacional ocultó, denunciaron la estrategia imperial de pretender arrasar con los gobiernos de signo progresista en el continente latinoamericano.

El canciller venezolano Arreaza, dijo que “la etiqueta de la crisis humanitaria es para facilitar la intervención”. ¿Cómo se provoca la crisis humanitaria?, preguntó el diplomático. “Bloqueando a un país. Si bloqueas a un país, no hay insumos para la producción y se dificulta el acceso a la comida y a las medicinas”, dijo el funcionario.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que asistió por primera vez a las Naciones Unidas en su condición de jefe de Estado dijo que el gobierno y el pueblo de la isla caribeña “rechazamos los intentos de intervención y las sanciones contra Venezuela, que buscan asfixiarla económicamente y dañar a las familias venezolanas. Repudiamos los llamados a aislar a esa nación soberana, que no hace daño a nadie”, puntualizó el gobernante cubano.

Detener a los agresores

Al margen de esta puja diplomática en la OUN, un analista militar recordó que dentro de las diferentes estrategias, muchas de ellas fallidas, aplicadas por la Casa Blanca, hay una de corte militar, ya puesta en escena en Siria y en otros escenarios de conflicto y que hoy se quiere trasladar a Venezuela, y que se conoce como RP2, que para el caso del país latinoamericano se traduce en: “Ahorquemos primero a Venezuela y después la salvamos”.

En el recinto de las Naciones Unidas, todavía queda el eco de las palabras del presidente Maduro, que al intervenir en la sesión de la Asamblea General, aseguró que “intereses extranjeros intentan detener el curso de un proyecto revolucionario, que se basa en la reivindicación social del pueblo”. Dijo que Venezuela “es víctima de una agresión permanente en el ámbito económico, político y mediático, impulsada por el gobierno estadounidense de Donald Trump”.

Señaló que su país tiene vocación de paz, llama al diálogo, propicia una salida negociada a sus dificultades internas, pero tiene la fuerza, el valor y la decisión necesarias para enfrentar cualquier agresión externa.

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