Agur ETA

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Foto internet.

Jaime Cedano Roldán
@Cedano85 

A los seis años de haber cesado sus acciones armadas, el grupo separatista vasco ETA ha anunciado el desmantelamiento total de sus estructuras, ha reconocido el dolor causado a las víctimas y la responsabilidad que tienen en hechos que reconocen nunca debieron de producirse.

Muy pocas voces han saludado este paso unilateral como algo positivo y se centran la mayoría de fuerzas políticas en señalar que es una victoria de la democracia y la derrota del terrorismo que solo causó dolor en toda España. Existen coincidencias en que este paso dado se ha demorado y que no implica un proceso de verdad y de satisfacción de las víctimas.

El PCE que reclama haber denunciado desde siempre “la violencia terrorista de ETA”, lo saluda y señala que de todas maneras perviven problemas históricos, políticos, sociales y de carácter nacional que deben ser solucionados por los caminos de la política, la democracia real y en lo que llaman un nuevo encaje institucional, un nuevo consenso que abarque a todos los pueblos de España, ya sea vasco, catalán, gallego u otros.

Es imposible no reconocer que el concepto españolista existente, está afincado en la violencia centralista del franquismo y en la negación o el desprecio de la pluriculturalidad. Los nacionalismos de derechas han sido sostén del bipartidismo, de las políticas neoliberales austericidas y de la anacrónica monarquía.

Llama la atención que el gobierno y el Partido Popular al negarse a darle la más mínima importancia a la desaparición definitiva de ETA, intentan hegemonizar la lucha contra la impunidad con un discurso claramente oportunista y utilitarista. Son distintas las reacciones en el territorio vasco a las que se dan en Madrid. Allí han sabido reconocer, desde muy distintos escenarios políticos, la diferencia que existe entre vivir en un clima de tranquilidad y sosiego a hacerlo bajo el diario temor de los atentados, los secuestros y las extorsiones.

Seguramente los procesos de perdón y reencuentro deben ser más claros y abiertos y quizás, también, se requiera del conocimiento de la verdad por parte de las víctimas. De todas las víctimas. De las que cayeron en medio de actos terroristas o en implacables ajusticiamientos, como también de las víctimas de la violencia de las fuerzas de seguridad del estado y sus expresiones de guerra sucia y de terrorismo oficial.

Los grandes medios han acompañado el desmantelamiento de ETA recordando también el dolor de las víctimas. Y esto es lo normal y lo justo. Lo que no puede ser aceptable es que quienes hoy hablan con tanta pasión de la lucha contra la impunidad, sean los mismos que han impedido todos los intentos de juzgar los crímenes de lesa humanidad de la dictadura franquista, que humillan a sus víctimas y que recortan peligrosamente las libertades y la democracia.

Saludamos la definitiva desaparición de ETA. Esperamos poder saludar algún día el desmantelamiento del franquismo.

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