Acumulación de capital y ejército industrial de reserva

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Alberto Maldonado Copello

Detrás de la competencia y de la infinidad de transacciones comerciales en el capitalismo operan unas leyes y tendencias generales que Marx expone en el tomo I de El Capital, en los capítulos sobre la reproducción del capital y en especial en el capítulo sobre la ley general de la acumulación capitalista.

La acumulación de capital consiste en la reinversión de la plusvalía obtenida por los capitalistas, los cuales consumen una parte del valor excedente extraído a los trabajadores y dedican el resto a la ampliación de los negocios o a nuevas opciones de inversión. La reinversión del capital es motivada por el deseo de incrementar las ganancias, pero al mismo tiempo es presionada por la competencia que obliga a los capitalistas a mejorar y ampliar sus negocios con el fin de mantenerse en el mercado.

La acumulación de capital se expresa en el crecimiento de la economía, en el incremento del producto nacional, tanto en términos de objetos útiles como de valor. Este proceso de acumulación se caracteriza, según Marx, por lo siguiente: (i) por períodos en los cuales aumenta la demanda de trabajo y puede incrementarse también la remuneración real a los trabajadores pero con una tendencia general a la disminución relativa de la fuerza de trabajo; (ii) por la tendencia a la conformación de un “ejército industrial de reserva” permanente, es decir, por un conjunto de trabajadores que no tienen empleo o se dedican a ocupaciones precarias mientras no los necesita la producción capitalista pero están permanentemente a disposición de los capitalistas; (iii) por una parte permanente de la población que cae en extremos de miseria, en la delincuencia, la prostitución y la mendicidad; (iv) por la concentración y centralización del capital, que elimina a los capitalistas más débiles y reduce la “libre competencia.”

Acumulación de capital y situación de los trabajadores

Si la acumulación de capital se produce sin que cambie la composición orgánica del capital es posible que durante ciertos períodos la situación de los trabajadores mejore debido a que aumenta la demanda por fuerza de trabajo. Sin embargo, la tendencia general del capitalismo es a desarrollar la capacidad productiva del trabajo mediante la inversión en más y mejor maquinaria y equipos, lo cual hace que la composición orgánica del capital aumente, es decir, el peso del capital invertido en medios de producción (capital constante) frente al capital invertido en el pago de salarios (capital variable). Esto significa que puede aumentar la demanda por fuerza de trabajo, pero no en la misma proporción en que crece el capital total, al tiempo que en aquellas industrias donde se presentan mayores desarrollos tecnológicos se despiden trabajadores.

Con base en esta tendencia, explica Marx que en el capitalismo existe siempre un mercado en el cual hay exceso de oferta de fuerza de trabajo con respecto a la demanda del capital, en forma tal que la situación es favorable a los patronos, por cuanto tienen a los trabajadores compitiendo entre sí, facilitando la contención o reducción de los salarios. La tendencia de la acumulación de capital hace que exista siempre una población desempleada o subempleada.

Desempleados: ejército de reservas

Marx denomina a esta población excedente con respecto a la demanda de inversión de capital el “ejército industrial de reserva” en contraste con el ejército industrial activo, que son los empleados. Desde esta perspectiva, el desempleo y el subempleo no son un “problema” para las ganancias del capitalista sino para las personas desempleadas y subempleadas que padecen las terribles consecuencias de dicha situación. Para el capitalismo es un elemento necesario y además beneficioso por cuanto permite limitar las pretensiones salariales y garantizar mayores tasas de ganancia.

Dentro del ejército industrial de reserva, Marx identificó ciertas capas que se van degradando ante las dificultades para obtener empleo asalariado, las cuales existen siempre en mayor o menor grado dentro las sociedades capitalistas: delincuentes, mendigos, prostitutas, etc. A esto hay que añadir que muchos trabajadores se ven forzados a migrar a otros países buscando alternativas laborales. La economía tradicional y la conciencia común considera al desempleo, el subempleo, la delincuencia, etc., como resultado de factores individuales, de actitudes morales de las personas, de limitaciones personales y desconoce abiertamente las interrelaciones existentes entre los distintos elementos.

En el análisis de Marx, todos estos fenómenos son inherentes al capitalismo: mientras que por un lado se acumula más y más riqueza, en el otro polo se consolida la pobreza, no solamente en términos absolutos, sino también y principalmente en términos relativos. Aunque puedan haber mejoramientos en el salario real, que permiten a los trabajadores acceso a más y mejores bienes de consumo, aumenta la distancia que los separa en cuanto a calidad de vida de los capitalistas. La desigualdad social es inherente al capitalismo, tanto en términos cualitativos -el distinto papel que ocupan en el proceso de producción los capitalistas y los trabajadores- como cuantitativo, por la proporción en que se reparte el producto social. En Colombia cada año menos del 10% de la población se apropia de la mitad del producto total, lo mismo que obtiene el 90% restante.

Concentración y centralización del capital

Otra tendencia identificada por Marx es la concentración y centralización del capital. La competencia entre los capitalistas conduce gradualmente a la desaparición de muchos de ellos y la concentración de la producción en pocas empresas, llegando incluso a los casos de oligopolio y monopolio; en ciertos casos, dada la magnitud del capital requerido, la producción desde el comienzo está bastante concentrada en pocas empresas.  En Colombia, a simple vista se observa esta situación en sectores como la cerveza, el cemento, la telefonía celular, los pañales, etc. Adicionalmente, mediante diversas estrategias de fusión y compra de empresas medianas y pequeñas por parte de capitales más poderosos y de articulación de diversos sectores por parte del capital financiero, se crean y consolidan grupos financieros, como por ejemplo, el Sindicato Antioqueño, dueño de numerosas empresas en diferentes sectores de la economía. La “libre competencia” lleva a la centralización y concentración del capital, y a la expropiación sistemática de los pequeños y medianos empresarios.

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