Balas por votos

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Foto NC Noticias.

Carlos A. Lozano Guillén

Algunos medios de comunicación, analistas de paz y voceros del establecimiento que respaldan el Acuerdo Final de La Habana, celebran el cambio de las balas por votos y las continuas declaraciones de las FARC-EP de que no volverán a utilizar las armas y ahora la suya será la palabra. En medio del frenesí por el triunfo de la paz, el presidente Juan Manuel Santos declaró, que el 20 de junio, fecha límite para la dejación de las armas de la guerrilla, que quedarán en manos de la delegación de la ONU, las FARC desaparecen.

Y eso está bien en lo que corresponde a una de las partes que ha cumplido. Las FARC-EP cumplieron el calendario de la dejación de las armas, que se prolongó unos pocos días más, debido a razones imprevistas y no por incumplimiento. Cada uno de los compromisos derivados del Acuerdo de La Habana y que le competen a las FARC-EP, han sido cumplidos a pesar de los retrasos e incumplimientos de la parte oficial. Y de la actitud dilatoria y de saboteo de otros agentes del Estado. Hay que decir con claridad que algunos magistrados de las cortes y el Fiscal General de la Nación, no asumieron el tratado de paz como una decisión de Estado y por el contrario, se han dedicado a torpedearlo.

El cambio de balas por votos es un compromiso de ambas partes. El Estado debe renunciar a la violencia como forma de ejercicio del poder. El Esmad sigue atropellando las protestas cívicas y populares y ejerciendo violencia contra las manifestaciones de las comunidades que exigen soluciones a sus demandas y respeto por sus derechos vulnerados por el poder. Pero también el paramilitarismo, negado por el alto Gobierno, continúa asesinando a dirigentes y activistas populares, con las mismas complicidades de siempre como en el caso de agentes del Estado (fuerza pública), autoridades (gobernadores y alcaldes), ganaderos, empresarios y políticos tradicionales. Son sectores, la verdad no todos, pero que actúan en la más completa impunidad. Entre tanto, las acciones de la fuerza pública no presentan los resultados que se requieren para detener los crímenes del paramilitarismo.

Algunos periodistas esperan la fotografía de la dejación de las armas como si se tratara de un espectáculo de rendición. Siguen pensando que la guerrilla llegó derrotada a la mesa de diálogos, como lo cree el presidente Santos cuando asegura que las FARC desaparecieron el 20 de junio. El Acuerdo Final de La Habana, que asigna responsabilidades bilaterales, demostró que no hubo victoria militar de ninguno en el campo de batalla, por consiguiente las FARC no desaparecen sino que se transforman en organización política. Lo que está pendiente es que el Estado cumpla en el cambio de balas por reformas y votos como es su compromiso.

carloslozanogui@outlook.es

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