27 millones de jóvenes en la informalidad en América Latina y el Caribe

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En Latinoamérica la tasa general de informalidad es del 47 %.

Con el estudio hecho por la OIT se puede concluir que, por la falta de empleos y su condición precaria, se pueden generar repercusiones sociales, económicas y políticas, y alterar la gobernabilidad de los países

Redacción laboral

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó el pasado 16 de mayo un informe sobre el trabajo juvenil en América Latina, en el que muestra la situación de informalidad laboral y desempleo de los jóvenes de estos países (13% en promedio), muy superior al desempleo de los adultos.

El estudio, intitulado “Juventud e informalidad: formalizando la informalidad juvenil. Experiencias innovadoras en América Latina y el Caribe”, dice que en América Latina hay 108 millones de jóvenes entre los 15 y 24 años de edad, y de ellos apenas un poco más de la mitad están empleados.

Según el estudio la economía latinoamericana ha mejorado, pero no es evidente para los jóvenes: “Estamos ante la generación más educada que hayamos tenido, en países donde la pobreza se ha reducido, pero estas mejorías no son evidentes para los jóvenes que salen en busca de un empleo digno”, dice Elizabeth Tinoco, directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe.

En la reseña del estudio, hecha por la Escuela Nacional Sindical (ENS), se señala que los empleos que consiguen los jóvenes son mal remunerados, inestables y con malas condiciones laborales. Unos 27 millones de jóvenes tienen que conformarse con empleos precarios, los únicos que se les ofrece. Además, una vez los asumen tienen dificultad para salir de ellos.

En palabras de Elizabeth Tinoco, es preocupante que la falta de empleos y la condición precaria de estos pueda tener repercusiones sociales, económicas y políticas, y alterar la gobernabilidad de los países. Los jóvenes en Latinoamérica no están siendo bien aprovechados por la economía y cerca de 20 millones de ellos prefieren quedarse en sus casas sin ocupación ni estudio. Los llamados ni-ni.

El estudio revela la tasa general de informalidad en la región, del 47%, teniendo en cuenta todos los trabajadores, cifra que aumenta en los de menores ingresos, donde esta tasa puede llegar al 75%. La tasa de informalidad específica para jóvenes supera el 55%. Para 2013 la mayor informalidad en el trabajo juvenil se presentó en Perú, Guatemala, Paraguay y Honduras, donde ocho de cada 10 trabajadores jóvenes se empleaban en la informalidad. Y el que menor informalidad tuvo fue Uruguay: 33%.

Según la ENS, los jóvenes que trabajan en la informalidad tienen menos beneficios que los empleados de otros grupos de edad que realizan los mismos trabajos. En promedio los jóvenes trabajadores informales son menores un año en edad que los formales, tienen dos años menos de educación, viven menos en zonas urbanas y se ubican en los hogares más pobres. El 9,3% de los trabajadores jóvenes que están en la informalidad reciben menos de 2,5 dólares al día.

En cuanto a la permanencia de los jóvenes en sus empleos informales, el estudio analizó cuatro países: Brasil, México, Argentina y Chile, en los que durante un año se midió el porcentaje de los trabajadores jóvenes en la informalidad. En México el 57% de ellos permaneció al año siguiente, en Argentina el 50%, en Brasil el porcentaje que se mantuvo en la informalidad fue más bajo: 35%, y en Chile 19%.

Qué hacen los gobiernos

“El estudio de la OIT visibiliza los esfuerzos y las intervenciones de los gobiernos para reducir las tasas de precariedad y desempleo juvenil; esfuerzos que son muy recientes y no han sido aún objeto de evaluaciones para analizar su efectividad. Asimismo, afirma que la efectividad de las intervenciones es más robusta cuando se combinan varias políticas públicas”, dice la ENS en su nota.

En materia de políticas de formalización laboral de los jóvenes, las intervenciones de los gobiernos son de tres categorías. Una primera corresponde al fomento de incentivos a las empresas que creen puestos de trabajo formales, como los subsidios para el desarrollo o expansión de negocios y del empleo, y los programas dirigidos a aumentar las calificaciones de la fuerza de trabajo.

La segunda categoría tiene que ver con iniciativas dirigidas específicamente a formalizar trabajos y unidades informales, como son los regímenes de “blanqueo”, los esquemas de inspección laboral y el apoyo a la formalización de micronegocios de baja productividad.

Y una tercera categoría agrupa las iniciativas de extensión de coberturas sociales a trabajadores informales, aun sin la formalización de su puesto de trabajo, como son los programas de protección social del tipo prestaciones por desempleo, cobertura de servicios de salud y protección a la maternidad.

En algunos casos, bajo una misma iniciativa, se pueden identificar componentes que abarcan más de una de las anteriores categorías, es decir, pluralidad de instrumentos detrás del mismo objetivo de formalización. La mayoría de esas iniciativas las han aprobado los congresos de los distintos países, pero hay otras que son producto de decretos de gobiernos locales.

Cómo está Colombia

Colombia no es la excepción en relación con la problemática de desempleo e informalidad laboral juvenil en América Latina. Según las cifras más recientes del DANE, la tasa de desempleo juvenil es del 16%, es decir 7,1 puntos porcentuales arriba de la tasa de desempleo global del país, que en el pasado mes de marzo fue de 8,9%.

En lo relativo a salarios, los jóvenes colombianos que tienen un empleo formal, aproximadamente duplican en salario a los que trabajan en la informalidad. Y en el tema de seguridad social en salud, el porcentaje de los jóvenes informales que están asegurados es mínimo: entre el 12% y 16%.

Hay cinco sectores de actividades priorizados por el Gobierno Nacional, a través de la estrategia Colombia Formaliza, para mejorar la generación de empleos: comercio, construcción, transporte, restaurantes y hoteles, y servicios.

Resalta la importancia del diálogo social como herramienta para aportar a la construcción de mejores relaciones entre las políticas nacionales y los programas locales para mejorar la situación de los jóvenes.

Plantea que debe haber una mejor sistematización de los programas y políticas, a fin de que los beneficiarios tengan mejor acceso a la información y de esta manera las políticas públicas tengan un mayor impacto.

“Finalmente, destaca que las políticas públicas para abordar el tema de desempleo e informalidad juvenil deben ser pertinentes, y para ello deben estar respaldadas con investigaciones y conocimientos previos”, concluye la crítica de la ENS.