2016, el año decisivo para Colombia

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Foto: . via photopin (license)

La izquierda colombiana y los sectores democráticos no podemos dejar pasar esta oportunidad histórica de transformación en el país

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Álvaro Forero Hurtado

El 2016 será un año decisivo para Colombia. Según lo anunciado en La Habana, en el primer semestre se firmará el acuerdo definitivo entre las FARC-EP y el gobierno, lo que representa quizá el paso más importante, pero no el único, para poner fin a más de medio siglo de confrontación armada en el país, quedando pendiente aún el acuerdo con el ELN y el EPL, además de resolver de manera radical el fenómeno del paramilitarismo, que paradójicamente crece a medida que los diálogos de paz avanzan.

Sin duda alguna la paz es la mejor noticia que puede recibir el país desde el siglo XX y lo corrido del XXI, pero el momento en el que llega no es el mejor en el terreno de la economía. A pesar de la proclama gubernamental de hace algunos meses, en la que se aseguraba que “Colombia estaba blindada frente a la crisis económica mundial”, la realidad muestra que nuestra economía se está desplomando paulatinamente; el precario crecimiento económico de 2,8% del PIB, la caída mundial del precio del petróleo, la dependencia de las importaciones para satisfacer las necesidades del país, la devaluación del peso, los fenómenos naturales (consecuencias del cambio climático) y una inflación de 6,11% son muestras fehacientes de que nuestra economía, al igual que las del resto del mundo, tiende a caer nuevamente en otra crisis.

Para nadie es un secreto que el “postacuerdo” no solo se construirá con buenas intenciones y voluntad política de las partes, sino que además costará unos cuantos pesos si en realidad se quiere avanzar en la solución de las causas estructurales del conflicto. A pesar de que esta premisa es un consenso de todos los sectores, las apuestas e intereses frente al tema siguen en contradicción. Por una parte, los ricos y poderosos, con la obvia reverencia del gobierno, plantean que el posconflicto y la crisis se financiarán de los bolsillos de la clase media y trabajadora, anunciando desde ya una “reforma tributaria estructural” con aumento del IVA del 16% al 19%.

Como si esto fuera poco, el proyecto de Presupuesto Genera de la Nación para el 2016 presentado por el gobierno mantiene la misma lógica de hace varios años, consagrando 30 billones de pesos (17,9%) a seguridad y defensa, manteniendo un crecimiento de 2,5% de los recursos destinado al servicio de deuda, es decir 48,7 billones (22,5%) de un total de 215,9 billones de pesos, de los cuales, los recursos de inversión representan solamente 40,6 billones (18,8%). No contentos con esto, se niegan a dar un salario mínimo digno a los trabajadores, con propuestas de aumento inferiores a la inflación proyectada, lo que representaría una reducción real del salario, teniendo en cuenta que los precios de todos los productos subirán como mínimo sobre la base de la inflación.

De esta manera queda clara cuál es la propuesta financiera de los poderosos de cara al postacuerdo: más de lo mismo, profundización del neoliberalismo, más apertura económica, mas TLC, quiebra de la poca industria nacional que resiste la difícil situación, sobre todo en el sector agrario y una aceptación ciega y servil a los postulados del FMI y el BM que han demostrado su fracaso en todo el planeta.

Es por esta razón que la respuesta de los sectores democráticos, revolucionarios, sociales y populares no puede ser otra que la consecución de la unidad en torno a un programa de transformaciones y reformas concretas que permitan construir realmente una alternativa para el país. El momento impone que la unidad se manifieste en la movilización callejera de masas contra las nefastas reformas anunciadas y a favor de la culminación de los diálogos y la refrendación de los acuerdos, pero también debemos pensar a mediano plazo en la consecución de una unidad que permita un avance electoral de cara a las elecciones del 2018.

La izquierda colombiana y los sectores democráticos no podemos dejar pasar esta oportunidad histórica de transformación en el país, la paz debe convertirse en el factor que impulse una ofensiva decidida hacia un gobierno soberano y realmente democrático y la construcción de una asamblea nacional constituyente que permita hacer un nuevo pacto social en el país, con el fin de superar las causas generadoras del conflicto y garantizar los derechos a los ciudadanos que han sido históricamente negados por aquellos que han detentado el poder desde nuestra fundación como república, siempre guiados por los postulados provenientes del Norte.

En definitiva, el 2016 será un año decisivo para Colombia, cargado de retos y luchas. Hay que aprovechar estos últimos días del 2015 para recargar baterías, hacer balances y proyectar con toda la fuerza el año venidero, que será el año de inicio para una nueva etapa de nuestra historia. Feliz, próspero y victorioso 2016.