1989

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Atentado del Cartel de Medellín al Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, en diciembre de 1989.

Reseña del libro de la periodista María Elvira Samper que analiza uno de los años de mayor incertidumbre en la historia política del país, durante el cual se combinaron la movilización social con la guerra sucia, la emergencia del paramilitarismo, la consolidación del narcotráfico, la agudización de las acciones guerrilleras y el agotamiento del régimen político

Rosendo López

Gabriel García Márquez en Cien años de soledad dejó una lección extraordinaria, la peste del olvido como el sino trágico de los habitantes de Macondo. De las siete generaciones que se describen todas son portadoras de la peste del olvido. Una de las formas de combatir la peste del olvido, es rescatar la memoria.

De estas circunstancias nace el hecho de que la autora de “1989”, la periodista María Elvira Samper, se encamine por el sendero de las memorias. Comienza haciendo una semejanza entre la violencia y la “hidra de Lerna”, animal mitológico, de muchas cabezas, que tenía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una amputada.

Entre fuegos cruzados

El contenido del libro está organizado en tres capítulos y un anexo. El primero, titulado Entre fuegos cruzados, se sitúa durante el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990). Así, pues, la herencia de la “hidra de la violencia” es sintetizada por la autora en los siguientes aspectos:

En primer lugar, el país que Barco va a gobernar tiene al homicidio como la primera causa de mortalidad de los colombianos y según cifras oficiales el número ha crecido ostensiblemente y las tasas más altas se encuentran, según la autora, donde guerrilleros y paramilitares se disputan el control.

El segundo aspecto es que los grupos subversivos han multiplicado sus frentes y ampliado su presencia en el territorio, están presentes en 170 municipios de los 1.100 municipios colombianos. Las FARC, según la autora, han sacado ventaja de la tregua con Belisario Betancur y se han extendido a diez o más departamentos. Mientras el EPL y el ELN hacen lo mismo.

Un acápite especial, dentro de las herencias, lo amerita la llamada guerra sucia contra la Unión Patriótica (UP), una alianza de fuerzas de oposición, cuyo núcleo mayoritario es del Partido Comunista. Reseña la autora que el partido UP surgido de los acuerdos con las FARC avanza notablemente en las elecciones municipales y presidenciales; en las municipales, saca dieciocho diputados y 335 concejales, en las presidenciales elige cinco senadores y el candidato Jaime Pardo llega a 4,5% de la votación total.

Recordemos ahora, que un año después, en 1987, Pardo Leal caería asesinado por las balas del paramilitarismo; pero no sería el único candidato de la Unión Patriótica masacrado, en marzo de 1990 es ejecutado, sin piedad, Bernardo Jaramillo Ossa. Entonces, se hace más visible la campaña de exterminio en contra de la UP. Cuando Barco asume el poder ya se contabilizan más de trescientos muertos, y antes de cumplir un mes en el ejercicio de sus funciones, Barco se estrella con la guerra sucia y se intensifican los asesinatos selectivos: son ultimados dos parlamentarios de la UP: el representante Leonardo Posada y el senador Pedro Nel Jiménez.

Más adelante hay una mutación en el proceder contra la UP, los atentados individuales cambian hacía las masacres colectivas; allí donde la población civil votó masivamente por la UP hubo masacres. María Elvira recoge estos hechos de la siguiente manera: “Las masacres hacen de 1988 uno de los años con más índice de violencia en mucho tiempo (el Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, tiene documentadas sesenta con cerca de seiscientas víctimas). Es el año del exterminio masivo y del amedrentamiento de comunidades enteras, el período de mayor auge paramilitar” (p. 32).

El año más violento

El segundo capítulo, “1989 el año más violento”, es el más extenso de los tres. Lo sucedido en 1989, en Colombia, supera el llamado “realismo mágico” y su ejemplo clásico en Cien años de soledad cuando Remedios, la bella, se eleva al cielo. La urdimbre creada entre narcotraficantes, paramilitares, enfrentamientos entre los carteles de Medellín y Cali, pugna entre esmeralderos, violencia guerrillera, arrincona al gobierno de Virgilio Barco. Esa trama, hasta el momento, no se ha podido aclarar.

Todo lo anterior conduce, inexorablemente, a lo que María Elvira Samper llama el modelo paramilitar, y Puerto Boyacá es el prototipo de ese modelo. Allí operaba la XIV Brigada, con sede en Puerto Berrio y con jurisdicción especial sobre varios batallones. Este modelo incluye entrenamiento por mercenarios extranjeros a grupos paramilitares. Aparece, entonces, en la escena y como una de las cabezas de la “hidra de Lerna” un tenebroso personaje: Yair Klein.

En consecuencia, en 1989, el modelo paramilitar construido con precisión de relojero en el Magdalena Medio es calcado en otras regiones del país. Afirma María Elvira: “El paramilitarismo es la demostración flagrante de que el Estado no tiene el monopolio de las armas, y de que las instituciones civiles no hacen presencia efectiva en todo el territorio” (p. 59).

Con otros ojos

El capítulo tercero, llamado creativamente En perspectiva y con otros ojos, lo constituyen varias entrevistas a personajes de la vida política: César Gaviria Trujillo, Rafael Pardo Rueda, Alfonso Gómez Méndez, Aída Avella, General Óscar Naranjo y Francisco Leal Buitrago. Solamente quiero destacar una anécdota contada por la sobreviviente Aída Avella en su entrevista. El ministro de Justicia, Rodrigo Lara le pregunta: “¿Por qué están matando a la gente de la UP?”. Aída responde: “Nos están matando porque tenemos otra concepción de la política y nos están matando las Fuerzas Militares”. El ministro Lara concluye: “Aída, me voy para Neiva en Semana Santa y voy a rezar para que no los sigan matando”. (p. 215)

El Anexo, denominado En pie de guerra, es un cuadro para no olvidar; recoge casi día por día el accionar de las diferentes guerrillas en 1989. Promediando: hubo más acciones de la guerrilla que días del año. Fueron 408 acciones guerrilleras en los 365 días del año. Estadísticas muy útiles en la actual coyuntura política con el ánimo de argumentar la necesidad de una paz duradera cuyo eje central es una justicia restaurativa, acompañada con la verdad de los victimarios y la reparación de las víctimas, con el fin garantizar la no repetición.

La hidra de Lerna

De todo lo anterior se desprende que estamos en presencia de un extraordinario libro, bien escrito, con un lenguaje ameno y se puede leer de un tirón. Además, en el tránsito por la búsqueda de la paz, cuya reconstrucción histórica de la violencia no tiene pierde, el libro puede ser muy útil. Por esas razones se recomienda, y se destaca el excelente prólogo del investigador de la Universidad Nacional Francisco Gutiérrez Sanín, así como también la amplia bibliografía utilizada por la autora.

Al comenzar este escrito señalé la analogía que hace la autora de la violencia con la “hidra de Lerna”. La hidra tenía la particularidad de suplir rápidamente las cabezas que se le truncaban; a la hidra, a pesar de los acuerdos firmados con una de las guerrillas, con el fin de buscar una paz estable y definitiva, le han nacido varías cabezas; no obstante, el propósito es seguir buscando como lo afirmó García Márquez en Por un país al alcance de los niños: “la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía”.

Referencia del texto: María Elvira Samper, 1989, Colección: Memoria Colombia, Editorial Planeta Colombia.SA., Bogotá, 2019, 285 páginas.

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